Noviembre 13 de 1985 — Albeiro Montoya Guiral

Nube Volcánica, Monte Etna.

Recuperamos esta selección de poemas de Albeiro Montoya Guiral, no recogidos en libro, donde evoca la tragedia ocurrida en Armero, Colombia, el 13 de noviembre de 1985, cuando la erupción del volcán Nevado del Ruiz provocó una avalancha tan bravía que este municipio quedó convertido a su paso en un camposanto.

 

I

Una silenciosa peregrinación
evadió el saludo de la avalancha.
Niños con antorchas
y cruces como sonámbulos
que buscaran su madre más allá de la sombra.
Mujeres que a la vez buscaran a sus hijos
dispersos en el río
como fragmentos de una carta de la desesperanza.
Quienes iban a morir la vieron pasar
sin mirarlos.
El abuelo desenfundó la guitarra
y le cantó una canción que hablaba
de amores perdidos.
Se despidió con la mano y tarareó
estas palabras que escribo
hasta hundirse en el horizonte.

 

II

Desde el fondo de un agua de pies y apretadas bocas humanas,
los perros alcanzan a olernos y se retuercen
como peces olvidados.
Si sobrevivieran,
habría que juntar candela con los huesos de los muertos para calentarlos.

III

De lo alto me llaman. Es mi madre, siempre su voz de luz…
Tomás de Grandmontaigne

Ante el ojo de luz del tren
una mujer sintió en su vientre
cómo el miedo se llevaba las manos al rostro.
Su pequeña lámpara
desapareció en la mirada imponente del gigante
que se detuvo a tiempo
pero, al parpadear, fue empujada
hacia la noche por un relámpago de lava.

IV

El tiempo, como ceniza de un volcán inoportuno,
apagó las velas.
Las hojas del cafetal murieron con su rastro.
El jeep de la niñez va siendo empujado al fondo del abismo.
Se oye chirriar su moho descendiendo y explotar
como un grito viejo.
Al camposanto donde ayer estaba el pueblo
llegué tarde y sin memoria
caminando sobre el lodo que no fue mío, nunca.

V

La muchacha entregó su primera luna al viejo desconocido
porque sabía que iba a ser la última.
Antes de desnudarse toda sintió el temblor
que le abría camino entre las piernas
y su gemido se confundió con el crujir de la casa agonizante.
La muerte bajó de la montaña,
salió del río,
anduvo por el pueblo midiendo sus pasos
y cuando sorprendió desde la puerta a los amantes,
salió al corredor a fumarse un cigarrillo.

Albeiro Montoya Guiral

Tuve cinco perros y a todos los enterré bajo el mismo naranjo. (Twitter: @amguiral).

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