La fractura antigua — Sergio Marentes

Ausencia. Collage manual y digital de Agrimensor K para Literariedad.

 

Este poema en prosa de Sergio Marentes fue escrito con la tinta del dolor, habla del día en que el padre del poeta no regresó a casa porque lo desviaron del sendero los asesinos; de los días siguientes que juntos son la vida. Es una confesión de la intimidad del espíritu de un hombre cuyas palabras se han hecho en la calle. El poeta le ha apostado todo a la escritura como una manera de vencer la temeridad del mundo.  Este poema condimenta con una belleza dolorosa nuestra  edición de diciembre de 2018.

 

Por: Sergio Marentes
Arte: Agrimensor K

 

Para Guerra, porfiada.

Este verso es la ausencia de alguna cosa.
Horacio Warpola

 

Papá no llegó a ser viejo. Murió antes de los cuarenta. Yo tenía doce. Aún no teníamos casa propia. Desde aquella madrugada de domingo el mundo se convirtió en mi hogar.

De los viejos extraje toda la sabiduría que necesité para la primera vida adulta. La experiencia que me acercó antes que las demás a las entrañas del mundo fue uno de mis abuelos recordando algo que nadie más sabía.

El primer espectáculo gratuito al que asistí fue al de un ancestro que relataba una de sus historias de juventud. Desde que recuerdo he querido ser viejo y sabio para que no me hagan más preguntas.

Desde los doce empecé a ser un viejo sin ganas de vivir. La orfandad no ha dejado de sangrar en todo lo que soy. Luego de que cambiamos no podemos volver a empezar. Podemos cambiarlo todo, menos a nosotros mismos.

Nada sanó mejor mis heridas que una cicatriz de alguien que ya no recordaba las suyas.

 

***

Papá no murió de muerte natural. Nunca pude recordar su voz. La primera vez que lo lloré fue ocho años después. Ninguno supo cuándo papá dejó de estar. Mi familia se fracturó para siempre. Los terremotos nunca descansan de nosotros.

No estoy diseñado para estar quieto si mi cuerpo tiene trabajo pendiente. Tengo todo por hacer desde que broté en el mundo. Desde que nací soy un pequeño imperio que no se detiene en la fabricación de nuevos imperios. Siempre tuve tiempo para producir a velocidades que harían explotar una fábrica común.

Fui el último de mi familia en darse cuenta de que el reloj nunca regresa.

Las respuestas no se tienen, las preguntas sí. Las preguntas son la espalda de las respuestas.

Tengo heridas de todos los calibres en ambos lados de la piel.

 

***

Papá bromeó con mamá antes de salir de casa por última vez. Dormíamos y no se despidió de nosotros. Tuvo el tiempo justo para llegar a su trabajo. Nos pensó cuando bendijo el timón del vehículo antes de empezar a trabajar. Nosotros no lo pensamos esa mañana. El asesino lo pensó a la mañana siguiente.

Supe pronto que el tiempo se inventa y que no se puede descubrir. El tiempo es un trozo de piel negándose a morir por causas no naturales. El reloj fue inventado por el mismo dios que inventó a todos los dioses. Recordar es vivir en quien ya no está.

El olvido es la prueba de que el tiempo vive. Donde haya músicos no reinará el silencio. La música es la espalda del silencio.

No conocí a alguien que quisiera olvidarse de todas sus heridas.

 

***

Papá no tuvo tiempo de pensar en dejar un testamento. Mamá lo repartió todo en tres partes casi iguales. Mis dos hermanos todavía guardan parte del botín. Yo lo desperdigué en todo lo que escribí. Nunca dejé de escribir desde su muerte.

No puedo explicar que mis ojos caminen cuando son mis pies los que no ven. El mundo es de los que se concentran. A los distraídos los llevan a cualquier lugar. Algunos creen que mata más el olvido que la muerte. Yo creo que el olvido es el único que mata. Los que escriben el mundo no se jubilan por cansancio sino por obediencia. Los que inventan el mundo funcionan a la perfección los primeros diez años.

Hay heridas tan profundas que la piel nunca llega a conocer.

 

***

Papá no sabe que está muerto. Mamá sabe que no está muerto. La burocracia certifica que estuvo vivo. Mis cuadernos saben que sigue vivo. Mis hijos no sabrán que tuvieron un abuelo. Papá no sabrá que no le daré nietos.

Sé que entre mis dos hermanos, mamá y yo hay una grieta creciente. Que la grieta cada tanto trauma alguna parte de nosotros. Que las fracturas también sirven para unir. Que el adhesivo por excelencia se llama silencio. Que el silencio vale lo que no pesa. Que el trabajo silencioso y constante del cuerpo vale lo que no se ve. Que ganar es perder y que los ganadores lo saben. Que hay cosas que no tienen palabras para definirse. Que la mejor palabra es la que todavía no existe.

Si pudiera reparar por completo mis heridas quedaría herido de por vida.

 

***

Papá se llevó consigo el amor de abuelo. Mis hermanos se odian como hermanos. Mi madre ama a mi padre como si estuviera vivo. Yo lo escribo para que no me olvide.

Del libro inédito «Retazos de la niebla».

Sergio Marentes

Animal que lee lo que escribe. Cabecilla del colectivo poético Grupo Rostros Latinoamérica. Fue fundador de «Regálate un poema» y editor de la revista Literariedad. Colaborador de diferentes medios Hispanoamericanos con aforismos, poemas, articuentos, cronicuentos y relatos de diferentes tipos. Ha publicado el libro de relatos «Los espejos están adentro» y ocho libros de poemas que no ha leído nadie.

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