Un elogio de la imaginación

Pintura: Family reading together, de Tamara Adams

…aprender a mirar elmundo como algo que debe ser inventado para que verdaderamente exista.

Voto de tinieblas, de Rodrigo Parra Sandoval

Mi corazón vive llenode angustia. La limitación, la vacuidad, la banalidad de la vida me aniquilan.Debo hacer algo. No puedo soportar más el abismo que separa la inmensidad sinlímites de mi sueño y la limitada micronaturaleza de mi realidad.

Museo de lo inútil, de Rodrigo Parra Sandoval

Así yo, así yo. ¿Quémás hago tendido en la cama? Me concentro en lo esencial. Esto no es poca cosaen una época que se atumulta para sumergirse en lo secundario. Eso hago. Cosasque tienen que ver con lo que sucede en mi cuarto. Mejor dicho, lo que sucedeen mi vida mientras estoy en el cuarto. Desecho la acción y me dedico a loimaginario. Soy un imaginador.

El don de Juan, de Rodrigo Parra Sandoval

Comencé este texto tres veces, y tres veces lo borré para volver a comenzar. Es decir, imaginé este texto de formas diferentes, pero, cada vez que empezaba, lo que estaba escrito parecía no hacerle justicia a lo que había imaginado.

Primero quise escribir un texto narrativo en el que pensaba posibles lecturas de los tres libros sobre los que quiero escribir. Quería imaginar diferentes relaciones temáticas entre las novelas, y explorarlas en los diversos momentos de cada una de ellas. Luego,la segunda vez, quise pensar sobre dos papeles que me parecen fundamentales en Museo de lo inútil, Voto de tinieblas y El don de Juan: los personajes amados y los personajes que aman. Pero esta idea binaria me ponía un conflicto: hubiera pasado de largo la bella multiplicidad que hay en cada una de las novelas. Después quise hablar sobre una idea que me llegó hace unos días, y que compartí con alguien antes de decirle que pronto escribiría sobre eso: la incomodidad de saber que los gustos que voy cultivando en la lectura a veces me alejan de los demás, a pesar de querer leer para lo contrario: para acercarme a los demás, y también a mí mismo.

¿Qué tienen en común estos tres temas (amar y ser amado, imaginar y ser imaginado, acercarse y alejarse delos demás)? En uno de los textos que no fueron, escribí lo siguiente: «Hay una distancia insalvable de la ficción a la realidad, que también hace que me pregunte por la distancia que me separa de los otros». Supongo, entonces, que lo que une estas tres ideas, y que podría unir también las tres novelas, son los caminos que no logramos recorrer.

En Voto de tinieblas una monja imagina, desde su celda, el mundo que sucede afuera. Enclaustrada, se pregunta por el sufrimiento de los demás y sufre con ellos. Sufre con los niños que tienen un pariente muerto en alguna ribera o fosa común, con las monjas que sufrieron alguna violación o que están allí contra su incipiente voluntad, con los coreguajes que padecen viruela, con la expedición filantrópica de la vacuna, que se enfrenta a un “nuevo mundo” que no conoce. La monja se pregunta por el mundo que sucede afuera: al imaginarlo lo hace íntimo. Dentro de ella viven los personajes que imagina, y dentro de ella los acompaña. Recorren los paisajes de la isla que habitan a la vez que recorren el cuerpo de la monja, que es donde escribe la historia. Pero además encuentra la posibilidad de observar ese mundo que imagina, de aprender de él y de amarlo desde el encierro:

Prefiero la oscuridad porque es la manera más eficaz de cultivar la vida interior. La luz ofusca y obnubila, ilumina el mundo y nos lanza hacia una desvergonzada observación delo exterior. No hay vida interior sin mundo exterior, es claro, pero en un convento de clausura el mundo exterior es, en lo fundamental, imaginado,delirante y casi siempre famélico y deforme. Y, sin embargo, es precisamente allí, en la más absoluta negación de lo externo, donde resplandece y se hace patente y obsesivo el mundo de afuera en su turbadora luminosidad. En ningún espacio florece con más fuerza la añoranza de lo externo, su nimia memoria, el acuciante deseo de inventarlo, que en un pequeño mundo clausurado.

Voto de tinieblas

Los mundos clausurados no están solo en Voto de tinieblas. En Museo de lo inútil una niña, Olivia,cuenta las historias que imagina desde su silla de ruedas. Perdió la movilidad de las piernas por una esquirla de mina que le quedó incrustada en la columna.Quizá no sea el mismo encierro que el de la monja en su voto de tinieblas, pero es desde allí desde donde imagina cada uno de los personajes que le da vida ala novela, a la vez que le dan vida a ella:

Y es ella, sentada en su silla de ruedas en la ventana de La casa de los leones, la que nos ha creado a todos aquí, somos seres imaginarios nacidos de su mente rencorosa, herida por la crueldad y el azar de la guerra, somos hijos de su generosidad y de su perdón, somos hijos de su dolorosa necesidad de redención. Somos sus criaturas y, al mismo tiempo, somos ella. Y ella huye. Huir es la única fuerza que sobrepasa sus fuerzas. Huye de todos, huye más de los que ama, pero sobre todo huye de sí misma. ¿Qué es su desnacer sino una huida de sí misma? Regresar al único espacio de seguridad, de compañamiento, renunciar al riesgo, a la incertidumbre: el vientre materno. El único edén.

Museo de lo inútil

Pero ¿qué es este huir en Olivia? ¿Es irse de un lugar? ¿Es alejarse de alguien o de algo? Olivia permanece en su silla de ruedas, y, a medida que pasa el tiempo,se acerca el momento de la operación que podría devolverle la movilidad de las piernas. No se detiene el tiempo, y parece que la única manera de afrontar el miedo o la preocupación es conversar con su padre: contarse historias mutuamente, historias que dan cuenta de la pregunta que se hace Olivia: ¿el mundo empieza cuando uno nace?

Olivia, en su necesidad de ocupar el tiempo que hace falta recorrer hasta el momento de la cirugía, huye de sí misma: imagina las historias que le dieron forma a su origen. Escucha las historias que le cuenta su padre sobre sus abuelos, pero también sobre los personajes de ficción que la han acompañado y la acompañan en su niñez: Julio Verne, Dios, Esopo, los diferentes personajes de Verne. Al imaginarlos les da un lugar dentro de sí. Los personajes parecen adquirir vida propia dentro de las historias, y hasta conversan con Olivia y la imaginan.Aventurando una idea, podría decir lo siguiente: Museo de lo inútil es la historia de un viaje; la odisea de Olivia,que se aleja de sí por medio de la imaginación y descubre, a lo largo de la novela, que ha estado imaginándose a sí misma. Alejarse ha resultado, entonces,en otra forma de la cercanía.

Luis Mejía, en El don de Juan, se recuesta todos los domingos a imaginar la historia de Juan y su incesante querer ser amado por Carolina. No sale de casa, no hace otra cosa que imaginar historias de amor. De ahí el último epígrafe de este texto: hay, en imaginar, un ejercicio que a veces parece más importante que salir a la calle y “vivir”. Como dice Alberto Manguel en Una historia de la lectura:

«¡Anda y viví un poco!», me decía mi abuela cuando me veía leyendo, como si mi silenciosa actividad contradijera su idea de lo que significaba estar vivo.

Una historia de la lectura

Luis reconoce en su actividad de imaginador una capacidad humana: la de aprender de nosotros mismos sin necesidad de vivir ciertas experiencias en carne propia. Luis se da cuenta de que sus personajes son él mismo, y a la vez que los imagina se sabe imaginado por ellos. Aquí el juego de espejos es evidente: imaginador e imaginado son uno solo.

Escribir, leer e imaginar son formas deponer cada cosa en su lugar: nos ayudan a saber quiénes somos, aunque no lo supiéramos hasta ese momento; nos ayudan a saber hasta dónde somos el que nombramos en primera persona, y hasta dónde somos los demás. Aprendemos de las historias la multiplicidad del individuo, y lo indivisible de lo diverso. Pero aprendemos también lo que Luis descubre, y lo que también descubre Olivia en su viaje. Reflexiona Luis:

¿Dedicarla vida a la construcción de un mundo para que venga a vivir el ser amado que ni lo ama a uno ni quiere venir a vivir en ese mundo y que ni siquiera lee la novela que el hombre escribe con su vida? Demencia, eso es, demencia. Demostración de la inutilidad de la literatura en el amor, la impotencia de la escritura, su papel superfluo que se limita a contar historias incapaces de conmover el corazón de una mujer.

El don de Juan

Si es inútil la literatura (la imaginación), ¿cómo recorremos la distancia (que parece insalvable) que hay de la realidad a la ficción? ¿Cómo podría recorrer el camino que me separa de quienes amo? Quizá no haya respuestas para todo esto, pero quizá no importe. Mientras me senté a leer la obra de Rodrigo, y desde que me senté a escribir sobre ella, conviví con estas preguntas. Quizá sea como Marx dice en La cuestión judía, citado por Manguel en Curiosidad. Una historia natural: «Formular una pregunta es resolverla».

Santiago José Sepúlveda Montenegro

Autor de la novela Ayer terminará mañana, y finalista del VI Premio nacional de cuento de La Cueva. Fundador y organizador de 'Tómese un tinto con', ciclo de conversaciones sobre libros con sus autores en Café Nicanor y su Librería Hojas de Parra.

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