Selección de poemas de Nikai Igaido

Foto:  Cristian Grecu.

 

Presentamos cinco poemas donde moran el silencio y los dioses del libro Hilo Soñado (Buenos Aires, 2018) del poeta colombiano radicado en Argentina Nikai Igaido.

 

 

raíz

 

atrás el cielo sin paredes
desordenado
sin cifras
abierto
y la mente va uniendo lo diverso
y hace guías.
cuerpo,
mapa donde el lenguaje ha puesto huevos,
leo mis manos que dibujan cielos:
Aldebarán, Júpiter, Casiopea,
también acá, antes, en Esta-tierra nombramos
las estrellas
pero nuestros nombres no le gustaron a la Iglesia…
mis manos son esas mismas que escribieron nombres
que leímos juntos…
adentro como un fluctuar de olas
me habla ese lenguaje que dice nombres
para dibujar lo abierto,
lo escucho no siempre, sólo a veces,
y de mí, tendido sobre tierra mojada de mi cuerpo,
crece una señal que sólo leerá mi hijo.

 

 

visita de la ballena

 

                                     

He aquí que una ballena ha venido a visitarme.
X-504


I

la muerte es un toro azul que me embestirá deprisa,
la muerte que es el anuncio de lo que aún no tengo.
esta mañana atado a mi paquebote me dirijo a las olas y a las altas aberturas
y soy para alguien que mire desde la orilla la mañana.
viejos puertos se suceden uno a uno, atados tras de sí a sus esperanzas,
barcos que esperaron un destino en brújulas hoy se agitan
contra muelles que no existen de ninguna-playa,
paso a través de arboladuras y cascos de esqueletos que resisten mi mirada.
allí tras lo que busco habrá una fuente, que será patio de
lo que nunca volví a ver desde la infancia;
voy por esa fuente y de regreso volveré a nacer para ir por
este mar tras la mañana y ya no perseguir con inocencia
sobre el mundo nada.

 

 

reloj de agua

 

y con sueños me quebrantaste
y con visiones me pusiste en espanto,
y escogió ahogamiento mi alma y muerte mis huesos.
Libro de Job


1

el viejo silencio de esa casa
y un río que cruza delante
sobre calles en el momento de la lluvia,
«hay quienes quieren edificar el templo
y hay quienes no quieren que el templo se construya»
dice Mr. T.S. Eliot en un poema,
yo espero que todos los hombres no quieran edificar el templo,
espero que el destructor sea feliz
o al menos digno de su odio.
al frente de esta casa
se concentran todas las pasiones que he vestido,
Basavanna que adoraba a Shiva
era su sacerdote, porque Él, la destrucción,
estaba en medio de todos los ríos que se encuentran.
esta casa se levanta sin memoria sobre el río
y creo sentado en una silla frente a ella
que el agua es suficiente filo para mi poema,
la dejaré fluir tan libre que destruya toda alma
y calles y ciudades que entorpecen cada hombre
porque algo ha de nacer de estas basuras
que hemos acumulado en tantos días.
( el río que lleva mi palabra se detiene
apuntando con decisión a la memoria:
(Tú, suave palabra, que tanta destrucción nos has traído
deja que me esconda en tu murmullo, y que adentro,
en tu posada, te conozca…
que me esconda en la mirada que incendió el poema,
para que adentro, en tus paredes, te destruya…)
el incendio de esta casa sobre el río
es la última belleza que aún nos toca,
el resto es incendio que prepara a cada hombre
para el resumen de toda la belleza que le dará su muerte).

 

2

 

pero antes
la casa de mi abuelo, su palabra.
los hombres que construyeron esta casa,
sin conocerla, en oscuridad, a medias,
palpando las paredes que golpeaban.
oscuridad en sus intenciones, caminando.
sin intentar el poema, caminando,
construyendo esta casa, ciegos,
atrapados en sus pasos.
(la destrucción de esta casa sobre el río, su palabra,
la corriente que la lleva, su palabra).
el cadáver de sus lenguas nos cubría de palabras
y no supimos evitar decir sus nombres,
(me hubiera gustado evitar decir sus nombres,
me hubiera gustado no incitarlos con mi ofrenda)
desde entonces ejercemos el dominio sobre cada uno de los condenados,
(soy el que libra del olvido a cada uno de los condenados,
el que evoca en el Infierno sus condenas,
el que escribe en su cuaderno las palabras que serán poema)
nuevo condenado hasta que muerte escriba con silencio
el único dominio que no contamina vanidad sobre su lengua.

 

 

6 -(Shiva)

 

porque soy el mismo que amó y odió antes de amar
porque soy el mismo que bailó la danza
porque soy el mismo que hirió sus bocas,
dioses y plegarias que no veré donde soy otro,
sueño entre la respiración y sueño, respiración y otro,
cada hombre me presenta su ofrenda,
todo pensamiento es una herida
y cada hombre crece como uñas,
cuando muera sus pensamientos serán uñas
y cuando renazca
herirá a su madre desde el vientre con su boca cubierta por las uñas,
y todos nos herimos
y la mujer que amo es la mujer que odio,
y el camino que recorro es la mujer que odio
y el hombre que amo es la mujer que odio
y el hombre que seré es la mujer que odio
y todos seremos uno, y todos nos uniremos en amor y odio
y la salvación será para los justos la esperanza
y el infierno será para los injustos la esperanza,
y el cadáver que se levanta sobre el valle,
es motivo únicamente de voraces aves negras.

 

hilo soñado

(epílogo)

 

I

en la Casa cantábamos tres hombres y mirábamos en la oscuridad de afuera como las estrellas miran con nuestros ojos esta Tierra,
y en la cascada nuestro cuerpo se iba abriendo llenándose de hierba y sentíamos la Muerte que abría nuestra palpitación a su conocimiento.
la cascada era memoria de nuestra apertura para que le heredáramos su ritmo de agua con memoria a nuestros hijos.
bailábamos con una palma blanda siguiendo las palpitaciones que nos imponía la materia y adentro de la Selva unidos con las oleadas de los pueblos que ya bailaron esta fiesta.

II


yo era mi canto y una pirámide que veía geometría saliendo de mi frente desde una torre alta y más allá, atrás, el atardecer, como una piedra inmensa.
otros contemplaban las texturas que juntas tejían el hilo soñado y lo nombraban: Adán, Babel, Noé, Teseo, Shiva, Bassavana, etc, y yo, que en el instante de mi vida, prolongaba con mi contemplación despierta esa trama.
(mente fractal que se contempla,
toda señal se escriben al margen,
como la literatura, que también es juego.
estoy observándome / estoy observándome
lo estoy imaginando
a medida / que lo vivo)
y afuera de la choza miles acudieron, sus pies llevaban cascabeles y bailaban, tantos que ya no podía saber si estábamos vivos o muertos, y si la policía o el ejercito hubieran venido a matarnos no hubiéramos dejado de bailar sin cuerpo.


III

no hemos sido vencidos: los bosques eran muchos, las selvas, los valles, las ciudades —mujeres poderosas se cubrían los hombros con jaguares, y los felinos cazaban a sus presas, (algunos de nosotros fuimos esas presas). conocimos todos los climas, y masticábamos en cada fruta el sol en los bocados, jugo entre los dedos de experiencia.
no, no hemos sido vencidos.
completamos en nuestro cuerpo ese jugo: mano de los dioses que hemos sido sobre el mundo cada día.

 


WhatsApp Image 2019-03-14 at 11.35.55 PMNikai Igaido. Nació en 1985 en Roldanillo, Colombia. Luego de terminar estudios de literatura en la Universidad Nacional de Colombia, funda con un grupo de amigos el espacio cultural juvenil Casa Abierta. En 2010 inicia un viaje con títeres por Latinoamérica y llega en 2011 a Buenos Aires donde vive. Actualmente es profesor de filosofía de la India en dos profesorados de yoga; cursa una maestría en danza movimiento terapia; dirige la editorial artesanal e independiente El ojo de la vaca; y como fotógrafo acompaña procesos independientes de danza.

Publicaciones: La tarde y la montaña (Cuadernillo de poesía. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2007), Nikai Igaido Poesía. (Ed. Tierra del sur, Buenos Aires, 2012), 12 Puertas. Ensayo. (Ed. Ojo de poeta, Buenos Aires, 2018) e Hilo Soñado (Ed. Ojo de poeta, Buenos Aires, 2018).

Foto: Frank Yeiznd.

 
Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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