Entre Ferias

Foto:freestocks.org

 

Las siguientes escenas hacen parte de mis memorias recientes participando en dos ferias del libro, la FilBo2019 y la FilsMar2019, en ambas estuve por primera vez con un libro. Con varios poemas y proyectos colectivos y con una compilación de narrativa escrita por mujeres titulada Virginia & Co, que publicó Lugar común editorial y que lanzamos en ambos espacios.

 

Cuadro 1

Era de noche en la FilBo y una niña apresuraba a su padre para ir a escuchar a las autoras de los relatos que estaban en la compilación. Se llenó el recinto inesperadamente, algunos cuantos familiares de las autoras y dos estudiantes de literatura de Univalle, con quienes había compartido el honor de ser su maestra, Adrianis y Daniel. También llegó a acompañarme mi amiga del Feis, Valentina. Fue una conversación fluida, presentamos a las autoras, leímos cuentos. Mi niño las escuchó y al día siguiente quiso comprarse un cuaderno para empezar un diario. Si le hubiese obligado a escribir para que fuera como sus padres no me habría salido tan bien. Al stand de la editorial llegó la lectora, una niña de 12 años que había ido apresurada al lanzamiento, con su madre por el libro. Se lo llevó feliz.

 

Cuadro 2

Era de día en la FilsMar una niña corría sobre un libro que se titula Damas oscuras (cuentos de fantasmas de escritoras victorianas eminentes), gritó tan alto pidiendo a su madre que se lo comprara, que todos los asistentes a la Feria en el Salón de Neguanje oímos sus deseos como si se los demandara a la lámpara de Aladino. También oímos al genio de la lámpara, la sombra, gritar a voz en cuello que «No». La madre quería que la niña comprara solo libros religiosos, no se admitía algún título relacionado con temas satánicos. Los títulos pueden ser peligrosos, allí nos enteramos. No faltó el vendedor de libros que intentó mostrarle a la señora una portada con la virgen María, aunque el tema del libro no fuera propiamente eclesiástico. Intento fallido eminente.

 

Cuadro 3

Compradores interesados en nuestra antología donde aparece una traducción de Una casa encantada de Virginia Woolf. El cuento es un género que poco se comercializa, según nos advirtió un editor muy prestigioso. En cambio, contrario a esta opinión, es mucho lo que se le busca en el stand, se pregunta y se lee el libro. Como otro más en algunos casos, o quizá porque está pensado para difundir la narrativa escrita por mujeres. Sobre todo, los jóvenes sonríen cuando se pronuncia la palabra «feminista», otros fruncen el ceño.

 

Cuadro 4

En la FilsMar varios profesores y profesoras compran el libro, les gusta explorar nuevos autores, aún aquellos que no simpatizan con el feminismo están abiertos a reconocer a las mujeres como autoras, si es narrativa mucho mejor, dice alguno. Otro académico-artista-doctor llega preguntando por el libro y dice que estas autoras tendrían que ser excepcionales para estar al lado de Virginia Woolf.  Le decimos que los lea, por lo menos el comienzo, en las primeras líneas se sabe. No los lee, mira de lejos el libro como si le temiera, se va sin abrirlo. Es peligroso juzgar un libro solo por su portada, dice la sabiduría popular de los lectores.


***

Pongo en perspectiva los dos momentos porque me hablan de varias cosas que ya se pueden pensar desde esta muestra de cuadros, o al menos de lo que quiero plantear; en principio el papel de las familias en la educación de la sensibilidad frente al hábito lector. Las diferencias culturales no se dan por lo geográfico, pudiera también encontrarse una madre con su hija buscando libros religiosos en la FilBo, o algún intelectual académico desdeñoso en cualquier ciudad, sino por una forma de entender la libertad al lector, de apoyar y acompañar el gusto frente a la imposición de otra lectura sesgada por un prejuicio.

Vuelvo al libro que presenté, alguno dirá que es exagerado escribir esto por un libro, que puede o no gustar a los lectores, no soy editora experta como sí lo son otras escritoras que admiro mucho, pero este libro en particular se hizo con una convocatoria en la que se presentaron 150 propuestas, se preseleccionó un grupo y luego se seleccionó un grupo reducido. Quedaron 11, el cuento de Virginia Woolf es el número 12 y el prólogo hace el texto número 13, el cabalístico de Virginia & Co.

Soy maestra, he asumido el proyecto desde el principio como un gesto de reivindicación al derecho a decir de las mujeres que la misma Woolf defendía en sus intervenciones públicas y búsquedas de la escritura femenina, de escribir con todo el cuerpo y desde toda la experiencia de ser mujer, lo cual ella no encontró en su época por la percepción que se tenía entonces de la mujer escritora. Este libro es para mí también una acción pedagógica sobre la lectura de la literatura femenina.

El proyecto de Virginia & Co. surgió a partir de la invisibilidad que recibe el oficio de las escritoras en Colombia cuando se hacen festivales internacionales bajo el nombre del país y solo van hombres. No se trata de una exigencia de cuota de paridad, se trata de leer a las mujeres. Por ello, nos dimos a la tarea de enseñar a leer desde esta publicación.

Las reacciones han sido variadas, cuando lanzamos la convocatoria a Latinoamérica a través de redes sociales, varias personas contestaron que era una medida de exclusión hacer antologías solo de mujeres. Pero no se quejan cuando solo invitan a hombres a los recitales. La apuesta de este proyecto fue desde siempre provocar reacciones. Nos agrada tanto la niña que lo lee y lo recibe con agrado como el prejuicio que muestra quien dice que no son muy buenas sin haber leído el libro.

Esto me habla de lo necesaria que es la educación en las ferias del libro, que en últimas es el tema de este texto, no tiene que ver con el nivel de escolaridad o la edad, por supuesto. En cambio, sí con la sensibilidad, con la disposición y elección de lecturas que se ofrecen en las ferias, por un lado, pero también de convertir estos lugares, sean pequeños o grandes, más que en plataformas de venta y compra de todo tipo de mercancías, en encuentros con la diversidad de la palabra y el pensamiento, en aprendizaje.

Hay allí, en las ferias, todo un espacio que puede llegar a los adultos más sesgados con los títulos, invitándolos a que conozcan autores y autoras y se abran al diálogo con otros temas indistintamente del credo religioso, a que salgan de los lugares comunes de lectura, como los que aparecieron en los medios de comunicación de la FilsMar que no sabían que autores y obras llevaban las editoriales y lo único que resaltaron fue a García Márquez.

Todo educa alrededor de las ferias de libros, también se perciben las desigualdades, mientras en la A-tenaz suramericana, ya es un hábito anual, esperado por autores, autoras, editores y editoras por la inmensidad de las ganancias y espacios para satisfacer al mercado lector, en Santa Marta muchos de mis estudiantes me decían que era la primera vez que asistían a una Feria del libro.  El sustrato de ciudad letrada en los tiempos coloniales se aprecia en estos cuadros también, y en otros tantos de Colombia. Esperemos que continúen las ferias, que el público asistente siga leyendo y que se sigan también educando los gustos diversos y la imagen de que las mujeres también pensamos, escribimos, sin prejuicios. No como alguien dijo a Camila García, una de las autoras que aparece en la compilación de narrativa Virginia & Co., sobre su libro El jinete extraviado: «Es bueno, no parece escrito por una mujer».

 
Angélica Hoyos Guzmán

Creo que la literatura es la vida. Investigo sobre las formas de la sobrevida en el mundo contemporáneo a través de la poesía y el arte. Colecciono indicios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s