Las canciones de amor

Imagen: Pride and Prejudice (2005).

 

Columna de @torresadaline

Desde hace algunos años me cuesta sumirme en libros de poesía, por más que quiera volver a ellos. Tuve una época en la que consumía libros de poesía como Elio consumía albaricoques en su verano italiano. Pero con mi primer desamor, murió un poco de mi poesía, o lo que era mi obsesión con la poesía como lente con el cual entender y abrazar al mundo. Las que no he soltado desde joven niña, cuando mi hermano puso todos los álbumes de los Beatles en mi iTunes Library, y desde que vi y reví la película Nick and Norah’s Infinite Playlist, son las canciones de amor. Esa película estaba basada en una novela que nunca leí, pero en el guión, por suerte, adaptaron esta cita de la novela que desde entonces nunca olvido:

You know the reason The Beatles made it so big? …’I Wanna Hold Your Hand.’ First single. Fucking brilliant. Perhaps the most fucking brilliant song ever written. Because they nailed it. That’s what everyone wants. Not 24/7 hot wet sex. Not a marriage that lasts a hundred years. Not a Porsche…or a million-dollar crib. No. They wanna hold your hand. They have such a feeling that they can’t hide.

Rachel Cohn and David Levithan, Nick and Norah’s Infinite Playlist, 2006.

Desde ese tan apasionado postulado —sea verdadero o falso, I truly can’t be bothered to check—, ese filme me explicó por qué me gustaban tanto las canciones de los Beatles, y por qué le gustaban a mi hermano y a mi papá, y por qué le gustaban a tanta gente desde los 60s. I have always been and will probably always be a sucker for a good fucking love song. Ahora, come at me, si creen que estas nuevas generaciones de verdad quieren el Porsche o el 24/7 hot wet sex igual o más de lo que quieren el agarre de manos. Puede ser (no lo dudo, o al menos, así me lo insinúan las canciones de mi queridísimo Benito Martínez). The point will still be: que todos queremos —matamos, casi, o en mi caso, escribimos por— la mariposienta sorpresa del agarre de manos. ¡Hasta Benito quiere que le agarren y le soben y le aprieten la mano! Tenemos la letra de «Amorfoda» para confirmarlo: que en el fondo, hasta el más rudo también es un hopeless romantic.

También creo que últimamente me aferro más a las canciones de amor que a la poesía que está en los libros porque las canciones de amor son más populares y accesibles. Me explico: más gente escucha y se aprende las canciones de amor que suenan en la radio o que los cantautores cuelgan en Spotify y menos gente va a las librerías a comprar la última antología que publicó Noséquién. Y estoy consciente de que algunas canciones de amor fueron antes hermosos poemas que aparecieron por primera vez en la página escrita e impresa, y pues a alguien le gustó tanto que lo musicalizó. Pero esto ya no ocurre tanto como hace unas tres décadas. Entonces ahora me llega el momento perfecto para establecer una de mis grandes «teorías»: No todos los poetas son cantautores, ni todos los cantautores son poetas. However: los mejores cantautores también son poetas, aunque no lo sepan, aunque no se atrevan a llamarse por ese título tan cargado de una pureza que no existe.

¡Y sí, que quizás le haga falta al mundo ir a las librerías y comprar más libros de poesía! Puede ser esta una gran verdad, but for now, we have to work with what we have. And what do we have? Very popular canciones de amor y desamor. Las canciones que escribieron Julieta Venegas, Lennon-McCartney (y George Harrison), Agustín Lara, María Grever, Silvio Rodríguez, Frank Ocean, Victoria Monet, Benito Martínez, Jessie Reyez, the list goes on and on. De la mano de esas canciones fue que yo crecí y sigo creciendo. Y tengo la mala costumbre de leer, releer y sobreanalizar las letras de estos cantautores y otros, pues reflejan una de las ideas-sentimientos que más me obsesionan: l’amour. La clave es no analizarlas tanto como para estropearlas, pero algo tienen las grandes canciones de amor que mientras más las escuchas y más las sientes, mejores se ponen. ¡Qué viva el fucking feelin’!

También me parece que las canciones de amor y desamor contemporáneas nos dicen más porque cantautores que no estudiaron Letras ni han leído mucha Literatura, están escribiéndolas. Aunque hay que mencionar que muchos buenos cantautores también son grandes literatos. La Julieta Venegas, por ejemplo, siempre está leyendo Literatura, con «L» mayúscula. Sin embargo, a veces pienso que muchos poetas contemporáneos están más preocupados con plasmar lo que les es aesthetically pleasing en vez de plasmar lo que sienten. O puede ser que también, la Poesía, como Género Literario, carga con ciertos formalismos y expectativas de estilo que pesan tanto en el que la escribe como en el que la lee, y la canción popular de amor, por el contrario, es más libre en este sentido. La canción popular de amor se escribe con dos propósitos principales: primero, con el de pegar en la radio o de sonar muchas veces por todas las plataformas, y segundo, con la intención de expresar de forma sencilla y directa cómo es que se siente el amor en cualquiera de sus fases o momentos. También es cierto que muchas de las canciones populares contemporáneas se escriben con solo el primer propósito en mente y puede ser que rindan, pero están condenadas a la peor de las Condenas: la mediocridad, que no merece ni «M» mayúscula. En cambio, cuando el cantautor escribe con la segunda intención más en mente o más presente, y antepone su experiencia de la humanidad a la payola, en ese momento, right there, es que nacen los mejores poetas y las mejores canciones de amor.

La gran Julieta Venegas, la que me enseñó lo que es una buena love song en español, tiene una canción que me vino a la mente mientras escribía esta cháchara: la canción, valga la redundancia, se llama «Canciones de amor». En ella Julieta canta:

la vida siempre tiene que seguir / aunque mi corazón se parta / y no quede nada… Por eso / Estoy tan cansada de las canciones de amor, / siempre hablan de un final feliz / bien sabemos que la vida / nunca funciona así.

Julieta Venegas, «Canciones de amor», Limón y sal, 2006.

¿Qué esperan? Vayan, escúchenla. Y a mí no me hagan mucho caso, que yo soy la que no se ha leído un libro de poesía de cara a cara desde el invierno de 2014, porque como bien canta y nos insinúa Julieta: la vida no siempre es un libro de poesía. But at least and maybe at last, we will always have love songs.

Adaline Torres Feliciano

(San Juan, 1994) Colecciono letras de canciones, tweets, fotos borrosas de ciudades, postales, paseos por plazas de mercado, ataques de ansiedad y despedidas. Escribo pa' no llorar.

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