«La música distante», poemas de Marcos Gutiérrez

Foto: Katherin Patiño.

 

Parafraseando a Borges, Marcos Gutierrez* no ha leído a sus maestros, los ha releído una y otra vez. Por ello mismo, entre sus versos se esconde la tradición occidental, la ambición estética y la sutileza de porcelana de los poetas orientales.

Presentación y selección: Matheus Kar.

 

 

Chijimi

Del libro Reloj de Nieve

Ya la habitación está vacía
no queda nada más que mi alma.
Las paredes son blancas
y mi alma se consume sobre la albura
como los hilos que son ejecutados
con las agujas del chijimi.
Apenas se filtra
un delirio del sol.
En los ecos se sabe desde ayer que he muerto.
El sol se lleva los ecos
para cantar entre las soledades sobre
mi muerte y la pestilencia de mi alma.
Mi alma ha borrado todas las palabras de los libros.
El olvido es irremediable.
No importa cuánto apeste o si derrito la nieve de las paredes,
no importa:
mi alma apesta a palabras arrancadas, a silencios, a olvidos.
El sol canta mi muerte en todos lados
como si fuese un periódico de piel que se pudre.

Mi cuerpo se hizo el destello
que recorre las ciudades imaginarias:
ese cuerpo no fue más que un sueño que cargó con el peso de los nombres.
Se fue con la nieve, se fue como las palabras.
Los libros en blanco cuelgan como suicidas.
Los libros son, al fin, palabras.
En su albura recae lo que dice mi alma:
un aroma horrendo se despide de esas páginas,
para negarse, para negar todo en nombre del olvido.
Pero todo se perderá entre los ecos y la nieve,
así como el frío se pierde entre los hilos del chijimi.

Mi alma quiere escribir en nombre de su muerte.
Solo babea tinta de aire sobre las páginas vacías,
eternamente vacías.
Los aromas se pierden entre la nieve,
entre los vapores de los cuerpos sometidos al chijimi.
Mi alma, al final, no es más que otro olvido que quiere escribir.

Mi alma escribe con aire,
escribe con el efímero mundo de los aromas,
escribe, escribe, escribe,
pero solo puede escribir el final de todas las cosas.
No merece la eternidad
como nada antes la ha merecido.
Escribe
con los aromas
cosas que siempre olvido.

 

Paraíso

Los hombres construyeron el paraíso filtrando de una `esencia` de perdurabilidad la eternidad. Emil Cioran

 

El río se hila
con las infinitas cuerdas
de su canto.

Traza brazos inmensos
y nos cubre con un halo
de profunda melancolía.

Nos vemos, nos consume.

Los reflejos son
la turbulencia de un
llanto que tiembla y gime.

El río viene de allá
y va allá:
converge, siempre,
en la distancia intangible del paraíso.

Somos el río:
nos construye en el único nombre:
la sucesión confusa
de eventos que oscilan
entre el pecho y la espalda.

Un ave vibra dentro de los cuerpos
como un hilo caído del río.
El ave se contempla
a través de la transparencia de la piel
y solo encuentra
un vacío inmenso
en el eco de todo lo que ha sido.

 

 

La definición de todas las cosas

 

¿Y ahora qué va a ser de nosotros sin los bárbaros?
Aquellas gentes eran una especie de solución. Esperando a los Bárbaros, C.P Kavafis

 

La música distante
se desvanece perpetuamente en la noche.
Se pierde entre los alientos y
los ecos infinitos y las voces estáticas.

La forma tiene un nombre intuitivo:
se repite como el tembloroso recuerdo
de lo que ha muerto.

Una efervescencia que no cambia
se define en las cosas que usan de batiscafo a la muerte.
La palabra circula un significado
como un cielo orgánico
que camina y se pudre y renace y se crea y se vuelve a definir
con la forma del olvido.
Historia
En la metáfora de la desembocadura del río
el hombre recoge agua y cae como un vómito de seda.
El agua es todo aquello que trasciende cualquier esperanza.
En las manos húmedas del hombre
se traza un espejo con los ínfimos ríos que quedan.
Hay un rostro, pero no significa nada.

En ese significado de nada
borbotea el agua del mar
oscuro de todo aquella que va más allá del hombre.

La mano húmeda es el dibujo ciego
de los insufribles mundos
que definen todo aquello que trasciende la esperanza.

El hombre atrapa el agua
como una hemorragia azul que lleva
lágrimas, condones y esperma.

Todo se hace una espuma
que le da forma al ángel horrible
que pide los monumentos gigantes.

La mano se seca
y el hombre vuelve a sumergir su mano
en el agua sucia mientras el ángel
lo observa y calla.

Lee aquí nuestro dossier de poesía Paisajes: Guatemala


Marcos Gutiérrez - Revista Literariedad* Marcos Gutiérrez. Chimaltenango. 1997. Creció en la Antigua Guatemala. Ha publicado en distintos medios de Latinoamérica y España. Tiene los libros Autorretrato (edición de autor, 2012), Poemas a la Nada (Tujaal ediciones, 2017) y Reloj de nieve (Los Zopilotes, 2019). Fue antologador de Modelo 90: muestra de poetas nacidos en los 90 (Los Zopilotes, 2019) . En el 2013 recibió el título de ciudadano distinguido de Antigua Guatemala por La Legión de Santiago de los Caballeros. En el 2018 recibió una mención honorífica en el XV Premio de Literatura Gonzalo Rojas Pizarro (Chile) y en marzo del 2019 fue nombrado Escritor del Mes por la Universidad del Valle de Guatemala.  Es columnista en las revistas Gazeta (Guatemala), Mandrágora (Guatemala) y Revista literaria Monolito (México). Actualmente estudia una licenciatura en física.

 

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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