Manifiesto por una nueva cinefilia

                                     Imagen: Andrés Felipe Rivera

 

Por: Girish Shambu

Traducción por: Daniela Gaviria y Jhon James Gutiérrez

1. La vieja cinefilia ha dominado la cultura del cine por los últimos 75 años. La historia de su origen se ubica en la Francia de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial y es una adoración al autor y un culto a la puesta en escena. A lo largo de los años, esta historia ha dejado una profunda huella en la cultura cinematográfica euro-occidental y ha llegado a establecerse como la narrativa hegemónica del amor al cine. Como por arte de magia, lo local se convirtió discretamente en lo universal.

La nueva cinefilia reconoce dos cosas acerca de esta historia: que es simplemente una de las narrativas de amor al cine entre las innumerables que hay en el mundo; y que ha sido creada en su mayoría por un grupo minoritario: hombres blancos y heterosexuales. En respuesta a esto, la nueva cinefilia quiere multiplicar la diversidad de voces y subjetividades, una plétora de narrativas acerca de la vida y experiencia cinéfila. La nueva cinefilia, que vive cómodamente tanto en Internet como en la vida real, es una cinefilia que es consciente de sí misma, que pone en primer plano la situación social —la posicionalidad del sujeto— del cinéfilo. Por lo tanto, debo añadir que escribo estas palabras como cinéfilo y como hombre heterosexual de origen sudasiático que además vive en los Estados Unidos.

2. Los placeres en el corazón de la vieja cinefilia son principalmente estéticos. La nueva cinefilia tiene una definición más amplia del placer: valora la experiencia estética del cine, pero le exige más. Encuentra el placer, adicionalmente, en una curiosidad profunda acerca del mundo y una involucración crítica con este. El cine nos enseña acerca de lo humano e inhumano del mundo en formas nuevas y poderosas. El placer cinéfilo tradicional es privado, personal, hacia adentro. También es justo lo que Laura Mulvey, en su prominente manifiesto, deseaba destruir. La nueva cinefilia se irradia hacia el exterior, impulsada por un espíritu de interrogación y voluntad para el cambio social y planetario. No es coincidencia que tantos cineastas valorados por la nueva cinefilia —mujeres, personas queer, indígenas y personas racializadas— estén interesados en el activismo y ven el cine en sí mismo como parte de un proyecto activista y cultural mayor. De igual manera, no es coincidencia que, en comparación, menos cineastas blancos y heterosexuales comparten esta característica.

3. Un aspecto central de la vieja cinefilia es el acto de evaluar —hacer listas, clasificar, crear jerarquías y niveles—. Estas actividades, ampliamente reconocidas como una propensión masculina, son importantes para la vieja cinefilia —uno de sus textos sagrados, The American Cinema de Andrew Sarris, ilustra en definitiva este impulso—. En la cultura cinematográfica, el valor se deriva del placer y considerando que la vieja cinefilia le da un lugar privilegiado al placer estético, este ha sido el criterio clave para la valoración de las películas. Para la nueva cinefilia y con su noción expansiva del placer y de lo que es valioso, las películas que se centran en las vidas, subjetividades, experiencias y mundos de las personas marginadas se convierten automáticamente en algo preciado.

4. La teoría del autor es una piedra angular de la vieja cinefilia. Sosteniendo la postura —como lo hizo François Truffaut— de que la peor película hecha por un autor es inherentemente más interesante que la mejor de un no-autor, la teoría del autor se convirtió en un ingenioso mecanismo para multiplicar incesantemente el discurso de un número limitado de cineastas, principalmente hombres. El cine de autor, en otras palabras, se convirtió en una máquina de manspreading. El mito de la escasez que la teoría del autor ha cultivado largamente y desplegado con respecto a películas hechas por directores no-hombres está siendo finalmente explotado por la nueva cinefilia. La actitud de la nueva cinefilia con respecto a la autoría es ambivalente: aunque esta ha favorecido principalmente a directores hombres hasta ahora, no hay nada que sea esencialmente masculino acerca de esta. La teoría del autor puede utilizarse como un método fértil para generar análisis, escritura y discusiones, especialmente con respecto a mujeres cineastas y directores no-blancos.

5. La vieja cinefilia dice ser abierta y ecléctica. Sus adeptos se han enorgullecido largamente de que sus redes son lo suficientemente amplias como para abarcar tanto el cine comercial como de arte, contemporáneo y clásico, doméstico e internacional y una amplia gama de géneros. Aunque este es un impulso admirable, en realidad no cumple con sus promesas de inclusión. La cinefilia tradicional privilegia la forma de la ficción narrativa. Otros formatos valiosos como la televisión serializada, cortometrajes, series web y videos, obras experimentales e incluso películas documentales no han ocupado este lugar de honor. Cineastas pertenecientes a grupos marginalizados —es decir, quien no sea un hombre blanco heterosexual— enfrentan barreras significativamente mayores al realizar películas de ficción y, por lo tanto, gravitan hacia otros sectores y plataformas. Esto ha significado que los formatos no dominantes de imágenes en movimiento en los que estos artistas trabajan, reciben menor atención.

La nueva cinefilia toma el llamado de So Mayer por una «justicia representacional», apuntándole a una verdadera inclusión, abrazando la variedad más amplia posible de formatos y artistas. Esto no significa dedicar igual atención a todos los cineastas o a todos los trabajos, ya que esto sería el tipo de gesto tibio y liberal que asigna una «voz igual para todas las posturas». En cambio, y considerando que la vieja cinefilia ha privilegiado por mucho tiempo a cineastas pertenecientes a ciertos grupos sociales dominantes, la nueva cinefilia se inclina hacia artistas social y políticamente marginados, así como a los formatos que les han sido más acogedores y que también han sido sistemáticamente marginalizados. Cada acto cinéfilo de hablar, escribir y curar, debe ser también un acto que interviene en un mundo desigual.

6. Una cierta tendencia de la vieja cinefilia: posee una cualidad conservadora y nostálgica. Las experiencias cinéfilas (especialmente de la infancia y la adultez joven) son atesoradas, sacralizadas y se mantienen cerca durante toda la vida. Como Sarah Keller lo ha argumentado, los cinéfilos a menudo experimentan una ansiedad y una actitud defensiva, cuando sus inversiones emocionales están en peligro y sus placeres son amenazados. Para poner un ejemplo bien conocido: cuando las feministas han emitido llamados para alejarse y reducir la atención crítica y cinéfila al trabajo de figuras como Woody Allen y Roman Polanski,  han encontrado una resistencia poderosa y reaccionaria ante cualquiera de estas sugerencias, surgida desde las mismas filas de la cultura del cine —especialmente de autor—.

La nueva cinefilia reconoce la inestabilidad inherente a los juicios de valor sobre los artistas y su trabajo. El mérito de una película puede aumentar y disminuir con el tiempo, dependiendo no sólo de criterios formales, sino también de ideológicos. Debemos estar siempre abiertos a la posibilidad de reevaluar o incluso renunciar a nuestros objetos de adoración previa a la luz de nuevos conocimientos, nuevas conciencias y nuevos imperativos. En este momento actual, el corpus entero del cine se ve diferente ante los ojos del nuevo cinéfilo en el mundo del #MeToo.

7. La vieja cinefilia está infinitamente fascinada por las representaciones del mal comportamiento masculino: obsesivo, dominante, abusivo, violento.

La crítica cinematográfica ha ayudado e incitado a esta propensión, poniendo a su servicio un lenguaje de admiración para respaldarlo, alentarlo y consagrarlo. «Oscuro», «retorcido», «provocativo», «atrevido» son palabras que se usan con mucha más frecuencia para caracterizar el cine realizado por —y sobre— hombres que por mujeres. La nueva cinefilia está agotada y recelosa de esta sobrerrepresentación, la cual contrarresta proponiendo una cinefilia que la rechaza. La nueva cinefila no siente deseos de seguir sometiéndose al cine de la patología masculina.

8. Conocerán la vieja cinefilia por cómo suenan sus preocupaciones: la cultura cinematográfica en estos tiempos es «demasiado políticamente correcta», «demasiado moralista» y «es acerca de políticas de identidad». Supuestamente fragmentada y atomizada en ese sentido de identidad, la comunidad de amantes del cine ya no está unificada como alguna vez —presuntamente— lo hizo.

Para la nueva cinefilia, sin embargo, esta unidad de la cultura cinematográfica es producto de una fantasía nostálgica, una ficción propagada y sostenida por la imposición de un falso universalismo. Solo privilegiando ciertas identidades —blanca, masculina, heterosexual— sobre otras, la cultura cinematográfica euro-occidental ha sido históricamente capaz de construir su ilusión de integridad y coherencia. Lo que verdaderamente lamenta la vieja cinefilia es la pérdida —diminuta— de autoridad e influencia cultural para sus grupos de identidad dominantes.

9. La vieja y la nueva cinefilia no son solo prácticas; también son ideologías. Cada cinefilia tiene sus valores y creencias —formas en que ve el mundo— de donde fluyen sus gustos y sensibilidades. Aún así, es importante notar que ambas cinefilias no forman un sistema simple o binario. En cambio, ambas viven, ya sea en mayor o menor medida, en cada cinéfilo individual.

10. «La vida organizada en torno al cine» es una definición ampliamente aceptada de la cinefilia tradicional. Pero en este momento, cuando el mundo está en crisis y el planeta al borde de la catástrofe, tal concepción del amor por el cine parece irresponsable, incluso narcisista. Lo que necesitamos ahora es una cinefilia que esté totalmente en contacto con su momento global actual, que lo acompañe, que se mueva y viaje con él. No importa cuán ardiente y apasionado sea nuestro amor por este medio, el mundo es más grande y muchísimo más importante que el cine.

Girish Sambu (2019). For a New Cinephilia. Film Quarterly 32-34.

Cámara en Mano

Cineclub pereirano dedicado la divulgación, crítica y análisis de cine desde sus dimensiones éticas, políticas y sociales.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s