«Diarios íntimos», Charles Baudelaire

Foto: Jacques Demarthon / AFP

 

En nuestra edición de julio, Diarios, compartimos con ustedes una muestra breve de los Diarios íntimos de Charles Baudelaire donde el poeta, al parecer mientras leía a Poe, entre 1859 y 1866, hacía sus anotaciones sobre futuros proyectos literarios.

 

 

III 

Cohetes. — Creo que ya escribí en mis notas que el amor se parecía mucho a una tortura o a una operación quirúrgica. Pero esta idea puede desarrollarse del modo más amargo. Aunque ambos amantes estuvieran muy enamorados y muy llenos de deseos recíprocos, uno de los dos estará siempre más tranquilo o menos poseído que el otro. Aquél o aquélla es el operador o el verdugo; el otro es el sujeto, la víctima. ¿No escucháis esos suspiros, preludios de una tragedia deshonrosa, esos lamentos, esos gritos, esos estertores? ¿Quién no los ha proferido, quién no los ha arrancado violentamente? ¿Y qué es lo que encontráis peor en estos cuidadosos torturadores? Esos ojos de sonámbulo convulso, esos miembros cuyos músculos saltan y se atirantan como bajo la acción de una pila eléctrica, la borrachera, el delirio, el opio en sus más furiosos efectos no os podrían ofrecer más horrible y curioso ejemplo. Y el rostro humano, que Ovidio creía modelado para reflejar los astros, he aquí que sólo tiene ya una expresión de ferocidad loca, o se distiende en una especie de muerte. Porque yo creería cometer un sacrilegio aplicando la palabra «éxtasis» a esta clase de descomposición.

—¡Espantoso juego, donde es necesario que uno de los jugadores pierda el gobierno de sí mismo!

Una vez preguntaron delante de mí en qué consistía el placer más grande del amor. Alguien respondió naturalmente: en recibir; y otro, en darse. —Aquél dijo: placer de orgullo; —y éste: voluptuosidad de humillación. Todos estos indecentes hablaban como la Imitación de Cristo. —AI fin, se encontró un impúdico utopista que afirmó que el placer más grande del amor era el de formar ciudadanos para la patria.

Pero yo digo: la voluptuosidad única y suprema del amor estriba en la certidumbre de hacer el mal. El hombre y la mujer saben, desde que nacen, que en el mal se halla toda voluptuosidad.

 

 IX 

Sugestiones. Cohetes. — Las naciones tienen grandes hombres a pesar suyo —como las familias. También hacen todo lo posible para no tenerlos. Por eso el gran hombre necesita, para existir, poseer un poder de ataque superior a la fuerza de resistencia desarrollada por millones de individuos.

A propósito del sueño, aventura siniestra de todas las noches, puede decirse que los hombres se duermen diariamente con una audacia que parecería incomprensible si no supiéramos que es el resultado de la ignorancia del peligro.

 


Tomado de Baudelaire, Charles. Diarios íntimos. Traducción de José Pedro Díaz. Ed. Galerna, Buenos Aires, 1979.

Literariedad

Asumimos la literatura y el arte como caminos, lugares de encuentro y desencuentro. #ApuntesDeCaminante. ISSN: 2462-893X.

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