El arte actual y la filosofía kynica — Pablo Andrés Villegas Giraldo

Fotografía: Luis Villasmil  

 

El arte actual como un arte de masas es lo que explora Pablo Andrés Villegas Giraldo (*). En nuestra edición de agosto, Estéticas, el autor nos brinda una mirada estética y filosófica sobre las consideraciones que hay del arte en la actualidad como una manifestación más libre, apartada del arte canónico y llena de múltiples caminos por donde sumergirse.

 

El arte actual y la filosofía kynica

La búsqueda de la libertad

El arte actual tiene su propia manera, subversiva e insolente, de decir la verdad. Cuando el arte actual «toma la palabra» se lleva a cabo una especie de revelación, se transfigura en él lo cotidiano; en la espontaneidad de este arte radica su fuerza; piénsese por ejemplo en el famoso caso del posa-botellas y el urinario de Duchamp. Esto es, en otro contexto, lo que disgusta de los kynicos: que en ellos hay una forma de argumentación que podemos llamar loca en vez de lógica, y esta manera de argumentar según Sloterdijk se convirtió desde siempre en una piedra en el zapato para el pensar serio; este pensar serio, además, nunca ha sabido qué hacer con el pensar kynico [1]. El arte actual responde a una cuestión que se viene planteando desde Platón y que con el sagaz Duchamp ha encontrado la cumbre «al demostrar, según Danto, que el proyecto debería más bien discernir cómo el arte debía ser distinguido de la realidad»[2].

Cuando hablo de arte actual me refiero a las expresiones artísticas que aparecieron después del fin del arte, es decir, en la que Danto llama época posthistórica. O sea la época después de que se rompe con la visión desarrollista y progresiva que propuso Vasari, para plantearse en vez de esta una visión de la producción artística abierta a múltiples caminos. En palabras del mismo Danto estamos en la época en «que ya no existe un linde de la historia para que las obras de arte queden fuera de ella (…). Todo puede ser arte» [3] . Entonces al hablar de arte actual hablo del arte que se manifiesta con una mayor libertad, un arte que tiene ante sí una inmensa variedad de caminos por donde conducirse.

La filosofía en otro tiempo le enseñó los límites al arte y cómo conducirse dentro de esos lindes; pero el Modernismo nos dice Danto siguiendo la lectura que él mismo hace de la afirmación heideggeriana sobre la necesidad de las ciencias de buscar nuevos conceptos en los cuales fundamentarse fue «un momento en que parecía que las cosas no podían seguir como estaban, y debían buscarse nuevos fundamentos para continuar» [4]; fue así como cada arte pasó a cuestionarse «desde dentro» sobre sí mismo en una espacie de crítica interna, o cómo la llama Greemberg autocrítica [5], con la que debería volverse puro. Es decir que en una profunda autocrítica el arte debería eliminar de sí todo lo que no hace parte de su naturaleza para descubrir aquello que es de su propia esencia filosófica. En este sentido entonces cada arte que se considerara moderno debía «purgarse» de todo préstamo externo a sí mismo, debía independizarse, autodefinirse, para ser considerado arte puro.

 

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Foto: Quino Al

Este volver sobre sí mismo al que se vio abocado el arte, según la lectura que hace Danto de Greenberg, es la génesis de lo abstracto «donde las propiedades físicas de la pintura se vuelven la esencia inevitable de la pintura como arte»[6]. Y al hablar de las propiedades físicas de la pintura se refiere Greenberg a la superficie plana, su forma, y su materia, que constituían la esencia misma de este arte. Greenberg hace énfasis en que la pintura no comparte con ninguna otra ciencia la superficie plana y desarrolla basándose en el planismo de la pintura su teoría de arte puro; la pincelada, agrega Danto, fue «algo que él [Greenberg] pudo haber usado en lugar del plano como criterio de la pintura como pintura» [7]. Todo ese volver sobre sí mismo provocó, además del abstraccionismo, el cambio de conciencia que abriría las puertas al posmodernismo; los que hicieron parte de ese cambio de conciencia no se daban cuenta de ello, creían estar continuando con una narrativa que por el contrario estaban revolucionando. El fin del modernismo se produjo cuando el arte (¿nuevo?) arremetió contra las formas serias del arte, cuando apareció en escena un arte kynico, y el arte tradicional no supo qué hacer con este arte; porque rompía con aquella costumbre canónica que reconoció Geenberg de diferenciar el arte de los objetos reales a simple vista. En lo que yo llamo el arte kynico «se volvió imperativo sustituir una estética materialista a favor de una estética de significado» [8]. Y se puede conectar el arte posmoderno con la propuesta de los filósofos kynicos en la medida que ambos ocasionan una ruptura contra la tradición: aquéllos consideran que la forma de vivir es parte fundamental de la filosofía e inseparable de su manera de pensar, así mismo el arte después del modernismo intenta transfigurar la vida común en arte.

La principal característica de esta forma de arte es arremeter contra el arte canónico, es utilizar para sí mismo objetos del común, de la vida diaria, objetos cotidianos, por ejemplo al arte pop que tanto atrae a Danto; además de romper con la idea de genio artista puesto que este ya no construye su obra de arte sino que toma un objeto ya fabricado y lo propone como arte. Aquí me vuelve a la memoria Duchamp, el primer artista kynico, que propuso un arte que no necesariamente era estético, no era bello, pero que no por eso dejaba de ser arte. Esta propuesta de Duchamp buscaba los mismos fines insolentes de los argumentos kynicos: quiere retar a la estética, quiere retar a los estetas, a los artistas, a los críticos; en este sentido Danto cita las palabras de Marcel Duchamp: «cuando descubrí los ready-mades, pensé en intimidar a la estética […] les arrojé a sus caras el posa-botellas y el urinario como un reto (…)» [9]. Pero este reto al igual que los retos kynicos pasó incomprendido; solo años después se vino a comprender que el arte no podía definirse por el tiempo y el lugar, ni por su virtud estética, o su belleza, sino que debía aplicarse a cada manifestación artística separadamente tomando cada una como un caso particular, incluyendo las formas de arte bello.

 

La Fuente (1917) Marcel Duchamp

 

El nuevo curso que tomó el arte en general se vio ejemplificado por el arte pop en las artes plásticas, un arte que tenía más contacto con la realidad, un arte que se viera involucrado con la vida y que a la vez lo cotidiano se viera transfigurado en el arte, otra característica entonces de ese arte después del fin del arte era su búsqueda por fusionar arte-vida. En este sentido se aplica el término lo que el arte buscó que propone Danto; tanto así como los kynicos pretendían alcanzar la felicidad mediante la sabiduría y la ascesis, es decir mediante la comprensión de los límites que tenemos y cómo vivir nuestra vida dentro de esos límites [10]. Así mismo el arte (me permito parafrasear a Danto) bajo la comprensión filosófica de sus errores, de las sendas falsas que sigue, de las imágenes falsas que abandona, aprende donde se encuentran sus límites y cómo ser arte dentro de esos límites. Y, para terminar, el único límite del arte es que no tiene límites; el arte es libre desde que se comprendió, en términos filosóficos, que el problema estaba en la diferencia entre la realidad y el arte.


Con ello, quiero decir con aquella revolución filosófica, es que muere la época del arte puro y nace la del arte pluralista, la época del arte de las masas; es decir del arte al que todos pueden acceder. Creo que esta idea de la libertad del arte, no es que cualquier cosa pueda ser arte sino que el arte puede proceder (estar oculto en) de cualquier cosa, como lo dice (si se me permite la comparación) el crítico Ego en Ratatouille: «No cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista sí puede provenir de cualquier lugar» [11]. Lo que hace al artista es su capacidad para transfigurar lo cotidiano en arte, para ver arte donde los demás ven solo cosas y, es más, para hacer que los demás vean en esas cosas arte; lo mismo, para concluir con la comparación que propuse al inicio, que los filósofos kynicos veían (y hacían ver a los demás) que la vida diaria era ella misma filosofía, es decir que la forma de vivir es parte fundamental de la filosofía e inseparable de su manera de pensar: la filosofía puede provenir de cualquier situación por cotidiana (y muchas veces subversiva) que parezca.

 

Notas al pie

[1] Para ampliar esta idea leer: Sloterdijk, Peter. Crítica de la razón cínica. Madrid: Taurus, 1989. P. 147ss.

[2] Danto Coleman, Arthur. Después del fin del arte. El arte contemporáneo y el linde de la historia. Barcelona: Paidós, 1999. P. 126.

[3] Ibíd. P. 127.

[4] Óp. Cit. P. 84.

[5] Siguiendo aquí también la lectura de Danto. Loc. Cit. P. 85.

[6] Ibíd. P. 90.

[7] Ibíd. P. 91.

[8] Ibíd. P. 94.

[9] Óp. Cit. P. 100.

[10] Óp. Cit. P. 121.

[11] Bird, Brad. Ratatoille. Pixar Animation Studios / Walt Disney Pictures, 2007. Historia de Jan Pinkava, Jim Capobianco y Brad Bird. El fragmento citado fue tomado de: http://www.blogdecine.com/estrenos/ratatouille-las-palabras-de-mr-ego-sobre-la-critica (11 de mayo de 2011/9:30 am)

 

Referencias bibliográficas

Bird, Brad. Ratatoille. Pixar Animation Studios / Walt Disney Pictures, 2007.

Historia de Jan Pinkava, Jim Capobianco y Brad Bird. El fragmento citado fue tomado de: http://www.blogdecine.com/estrenos/ratatouille-las-palabras-de-mr-ego-sobre-la-critica (11 de mayo de 2011/9:30 am).

Danto Coleman, Arthur. Después del fin del arte. El arte contemporáneo y el linde de la historia. Barcelona: Paidós, 1999.

Sloterdijk, Peter. Crítica de la razón cínica. Madrid: Taurus, 1989.

 

 


Pablo Andrés Villegas Giraldo. Licenciado y Magíster en Filosofía de la Universidad Tecnológica de Pereira (2019), beca Jorge Roa Martínez. Catedrático e investigador de esta misma universidad. Docente ocasional de la universidad EAFIT desde el 2019. Su primera obra titulada El Escepticismo y la Fe. A propósito de Nicolás Gómez Dávila (2016, Alemania, Publicia). Publicó en el 2018 el libro Cautivo del deseo y otros poemas eróticos bajo el seudónimo Caballero del Aurora. Es conferencista, ensayista, actor de teatro, gestor cultural y escritor de poesía. Es también columnista del periódico mensual El Faro desde el año 2012. Ha recibido distinciones académicas y artísticas por sus trabajos en filosofía, literatura, poesía y teatro.

 

 

Literariedad

Asumimos la literatura y el arte como caminos, lugares de encuentro y desencuentro. #ApuntesDeCaminante. ISSN: 2462-893X.

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