La poesía no es un campo baldío

Imagen: El Lissitzky, Boceto (1920).

 

Son muy contadas las ocasiones en que poetas, escritores, periodistas y gente de la cultura se reúnen alrededor de una idea común, prescindiendo de matices estéticos e ideológicos para señalar algo que nos atañe como colectividad. Esta carta-documento es una excepción a cierto marasmo cultural que considera inútil señalar y hacer crítica de hechos que lesionan a toda una comunidad. El enquistamiento de grupos que se pretenden hegemónicos y excluyentes es algo que se pone de manifiesto en muchas actividades culturales; esta sumatoria de firmas de personas, que en su mayoría ni siquiera se conocen entre sí, se opone a los agrupamientos sectarios que se pretenden dominantes y pone de presente que no está del todo anestesiada una actitud crítica en nuestro país.

 

 

La cultura y las artes no aceptan ser tratadas como campo baldío, la poesía no es ajena a asumir tempestades, pero este largo silencio no es poesía. En todos los espacios pretende instalarse la banalidad, lo efímero, el mercado; se exhibe como ejemplo la cultura cosmética, se silencia la crítica y se impone la censura. En Colombia el efecto es aún más agudo debido a la violencia crónica, y porque vivimos este tiempo como un momento de desajuste social y un abuso del poder en todas las expresiones sociales: arbitrariedad en la economía, en la política, en la educación, en el trabajo, en la justicia, en la salud. Es el espíritu de los colombianos el más afectado.

Este remolino de la historia nos ubica en el punto de convergencia de todo lo execrable. La amenazada no solo es la cultura, está amenazada la vida. Se gobierna contra la vida y contra la paz. Se masacra. El ascenso del fascismo en Colombia y en el mundo es evidente, hoy es necesario superar el aislamiento, el solipsismo y la autocensura; se hace urgente la creación de espacios comunes de expresión del arte y de la cultura.

Esta nota no busca ser un manifiesto, ni una carta abierta; es un conjuro, un llamado para que la poesía, su espíritu creador, los trabajadores de la cultura y los poetas se pronuncien, y para que todos salgamos de esta cuarentena que ya casi completa un siglo; porque se impuso en la cultura una perversa forma de predominio en la subjetividad colectiva: el falseamiento del arte, de la verdad y de la memoria. Hoy estamos ante algunos escritores y periodistas al servicio de la amnesia y la mentira, hoy existe una ultraderecha intelectual que ha tomado aire al lado del Estado de opinión que se impone, la dictadura.

Allí donde la publicidad no alcanza a llegar, ellos se encargan de la limpieza del rostro del poder. Esa derecha de la que hablamos trajo como emisario a Mario Vargas Llosa en su nuevo papel regresivo de embajador cultural para adelantar una campaña contra el ascenso de los movimientos críticos, y de paso favorecer a las transnacionales culturales de Europa en Colombia y Latinoamérica. La alianza entre algunas editoriales, el mercado y pequeñas mafias y círculos, le está causando un grave perjuicio a la poesía latinoamericana, un daño que posiblemente ni siquiera le causaron los militares en el poder los gobiernos de facto. Es esta una afectación profunda a la cultura, si el ámbito del lenguaje se afecta, todo lo demás resulta desvirtuado, y se altera el sentido mismo de realidad.

La cultura y el arte corren el mismo peligro que el trabajo, la salud o la educación. El fascismo en alza hace uso de escaladores sociales para imponer una literatura de vitrina, y promover la pose superflua como verdad. Estos heraldos oscuros provienen de la misma fuente que maleduca una infancia y una adolescencia en conveniencia con las ideas de los políticos más corruptos que ha tenido Colombia.

Este cabildeo internacional y local que incluye a los poetas diligentes, funcionales al proyecto autoritario de Estado de opinión que se viene imponiendo ante el suspenso del arte y la parálisis crítica. Y aquí está el énfasis de esta nota, en la necesidad de un conjuro crítico para que periodistas y escritores no sirvan de escalón de ascenso a una dictadura que pretende imponerse. Este no es un llamado a cerrar la puerta sino a abrir la frontera crítica, a alimentar el ejercicio de la reflexión desde el ensayo en todos los espacios del arte, en el periodismo y en la literatura. El país necesita un periodismo y un arte que aporten una mirada abierta y una alerta en función de la vida. Se trata de un llamado a abrir espacios comunes para cerrar el paso lesivo del autoritarismo.

La poesía no viene en cifras, no es un cheque con dedicatoria. En momentos críticos lo mejor de la poesía y del periodismo asume con estatura humana la conciencia de la desdicha y de la injusticia. La servidumbre no debería ser la actitud de la poesía sino todo lo contrario, el arte como conciencia creciente y cuidado del espíritu. No ha sido una función de los verdaderos artistas servir como pajes de ocasión de funcionarios y escaladores aviesos. La poesía huye con repulsión de las bajezas comunes a las que acude la impostura ante las carencias que le son propias, mientras la cultura vencida se pasea por esos oscuros pasillos del secretismo y la violencia, o sobrevive con una imagen dolorosamente parecida a la resignación. Sus fieles, que no son pocos, guardan un ofensivo silencio, en todo caso un silencio que no es propio del arte.

Estas líneas son un rechazo al pillaje que se viene infiltrando en la cultura: un llamado contra la avanzada de los oscuros heraldos que campean y se vanaglorian sobre los campos de la cultura, mientras el silencio los acompaña en sus movimientos de trasescena, o en el discurso de entrega de premios donde tal vez se cite a F. Scott Fitzgerald, el autor de una novela sobre la mafia, o se parafrasee a Friedrich Hölderlin, o a Thomas Mann en versiones ladinas.

 

CONJURO PARA EL MAL DE OJO DE LOS TIBIOS. ESPÍRITU DE LA DESOBEDIENCIA, ¡ACUDE!

 

Víctor López Rache, poeta.

Myriam Jimeno, antropóloga.

Mariamatilde Rodríguez, escritora.

Claudia Díaz, ensayista.

Fernando Rendón, escritor.

Juan Manuel Roca, escritor.

Horacio Benavides, escritor.

Eufrasio Guzmán Mesa, filósofo.

Nelson Romero Guzmán, escritor.

Álvaro Marín, escritor.

Alisson Trigos, bailarina.

Damián Pachón, filósofo.

 John Alex Toro, actor.

Santiago Mutis Durán, poeta.

Hussein Habasch, poeta.

Luz Mery Giraldo, escritora.

Gabriel Jaime Franco, poeta.

Gloria Posada, poeta y artista.

María Clemencia Sánchez, escritora.

Andrea Roca, periodista.

Camila Charry Noriega, poeta.

Alejandra Lerma, poeta.

María Tabares, poeta.

Eduardo Esparza, pintor.

Maureen Maya, escritora y periodista.

Wilmer Echeverri, poeta y artista.

Andrea Salgado, escritora.

Robert Max Steenkist, escritor.

Celedonio Orjuela, escritor.

Lindantonella Solano, poeta.

Albeiro Montoya Guiral, poeta.

Tallulah Flores Prieto, poeta.

Jaime Londoño, escritor y editor.

Olga Bula, escritora.

Patricia Aguirre, escritora.

Juanita Paredes, luthier.

María Eugenia Orejuela, arqueóloga.

Amparo Montes, contadora.

Sol Ángel Patiño Lancheros, docente.

Jairo Trujillo, editor.

Juan Diego Tamayo, escritor.

Lilián Zulima González, escritora.

Marco Mejía, escritor.

Raúl Moreno Jerez, escritor.

Manuel Pachón, escritor.

Jairo Trujillo.

Bárbara Santos, artista.

María Isabel García Mayorca.

María Antonia León, escritora y docente.

Mery Yolanda Sánchez, poeta.

María León Arias, actriz.

Omar Ortiz, poeta.

Laura Gómez Camargo, poeta.

Amparo Inés Osorio, poeta y editora.

Juan Álvarez, filósofo.

María Antonio León, escritora.

Alexandra Rodríguez, profesora.

Gloria María Posada Restrepo, escritora.

Saúl Gómez Mantilla, poeta y editor.

Martha Patricia Mesa, poeta.

Jorge Sierra, docente.

María Guerrero, docente.

John Jairo Zuluaga Londoño, escritor.

Luz Marina, docente.

Fabio Ciro, poeta.

Julio Cesar Arciniegas, poeta.

Myriam Castillo Monsalve, docente.

Dayana Pabón, comunicadora.

Felipe Orozco, escritor.

Laura Montoya, profesora.

Toni Daleman, escritor.

Henry Posada, periodista.

Joan Camilo Bolaños, poeta.

Omar Gallo, poeta.

Óscar Pinto, poeta.

Omar Pinzón. escritor.

Carolina Bustos Beltrán, poeta.

Lina Alonso, escritora.

Daniel Día, poeta.

Guillermo Linero, escritor y pintor.

Keshava, graffitero oral y pictórico.

Carlos Mario Uribe, poeta.

Claudia Alejandra Velasquez, psicóloga.

Fausto Marcelo Ávila Ávila, escritor.

Jickson Rodríguez, periodista.

Yaneth Vargas Muñoz, docente.

Oscar Emilio Bustos, periodista.

Anamilena Hoyos, bacterióloga.

Antonio Bolívar Cardona, poeta.

Lidia Cerón, arquitecta.

Liliana Agudelo, profesora de literatura.

Luis Enrique Orozco, poeta.

Luz Ángela Peralta, enfermera.

Yamel López, docente.

Jorge Gelves, artista.

Francy Liliana Díaz Rozo, escritora.

Jorge Osbaldo Barón Quemba, escritor.

Jorge Alberto Narváez Ceballos, poeta.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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