«Después de la Humanidad», un ensayo de Pablo Andrés Villegas Giraldo

Imagen: Andrei Sokolov

 

En nuestra edición de mayo-agosto de 2021: Otros mundos posibles, Pablo Andrés Villegas Giraldo (*) nos presenta un ejercicio reflexivo sobre la singularidad tecnológica y el futuro de la humanidad, apoyado en las ideas de Nicolás Gómez Dávila.

 

 

Pensar la Singularidad Tecnológica como un «evento posible dadas las condiciones actuales y futuras (predecibles o no), exige también la necesidad de preguntarnos por lo que venga después de este evento: ya fuera un post-humanismo o bien (si no es lo mismo) una humanidad mejorada. Muchos autores han enfocado su investigación sobre la posibilidad o no de que se diera un «evento» como tal, en el que las máquinas evolucionen —fruto de la transformación tecnológica— tan rápido y el cambio sea tan profundo que la humanidad se vea modificada de manera irremediable. Lo que atrae nuestra atención es que a medida que se acerca esta posibilidad, a medida que la máquina se desarrolla, la tecnología evoluciona, el hombre parece ir cada vez más en detrimento abriéndole paso a una humanidad cada día más elemental. Por ello no sólo podríamos preguntarnos si está preparado el hombre para estos cambios, sino qué va a ser de él una vez hayan ocurrido.

Antes de entrar en este asunto recordemos que existen tres modos de posibilidad de que la Singularidad Tecnológica se haga presente: primero, a través de la llamada Inteligencia Artificial Dura (IAD) que a su vez se divide en dos, por un lado que las computadoras se desarrollen hasta igualar o superar la inteligencia humana y así «despierten» adquiriendo independencia; por otro lado, que una red de computadoras «despierte» como una entidad superinteligente. Segundo, que se integren los humanos con las computadoras de manera que se vean mejoradas sus capacidades y se consiga una raza con una inteligencia sobrehumana. Tercero, que mediante la manipulación biológica se mejoren las condiciones del intelecto humano.

Tal parece, como decía Nicolás Gómez Dávila, que la máquina moderna es cada día más compleja y el hombre moderno cada día más elemental. De hecho, el uso de la memoria resulta ser menos necesario dados los avances de las tecnologías de información. Así mismo, vemos cómo el hombre se conoce menos a sí mismo, se preocupa menos por cultivar su ser y su interior y se destruye perdiendo el tiempo en redes sociales que lo esclavizan y lo someten. Si nos preguntáramos desde la filosofía, basados en el actual comportamiento de la humanidad ante el desarrollo de los Medios Masivos y de las TICs (Tecnologías de Información y Comunicación), si el hombre está preparado tanto moralmente como intelectualmente para el «evento» de la Singularidad Tecnológica, tendremos que aceptar irremediablemente que no.

Quizás no estemos logrando con las máquinas emancipar al hombre y liberarlo para que se aventure en el universo del conocimiento, sino que por el contrario vemos cómo se va encadenando más y más a esas mismas máquinas. Por ejemplo el hecho de que algunas sean capaces de predecir el comportamiento humano de tal suerte que proceden de manera virtualmente intuitiva, pero al mismo tiempo la mayoría de las personas que hacen uso de ellas no tengan la más mínima idea de su funcionamiento interno; además, el hombre va siendo cada vez más dependiente de este tipo de instrumentos para llevar a cabo sus tareas diarias, convirtiéndose -palabras más, palabras menos- en un esclavo de la tecnología. Dominado por los avances y el desarrollo de aplicaciones que antes le resultaban innecesarias, el hombre se va convirtiendo en consumidor y tristemente todo este universo de posibilidades informáticas le cierran el paso hacia el conocimiento de sí mismo. Esto provoca innegablemente una instrumentalización de todo lo viviente, en la medida que las nuevas tecnologías prometen hacer posible la recuperación de cualquier cosa que dañemos, de no ser así se conseguirá en su defecto encontrar otro planeta habitable, o bien crear las condiciones necesarias para vivir en cualquier otro lugar del espacio exterior. La vida humana también se instrumentaliza corriendo el riesgo de desaparecer para darle paso a las tecnologías autónomas, ejemplo de ello nos lo puede dar Vernor Vinge en sus novelas filosóficas de ciencia ficción.

Tal como en la película «Wall-e» (2008), en ella se ve claramente cómo la humanidad va dejando de ser humana, pasando rápidamente a convertirse en un vegetal, después de destruir el planeta y en un intento por prolongar la raza, envían a un grupo de seres humanos al espacio en un «arca» llamada el Axioma; este barco paulatinamente va pasando a ser dominado por una serie de robots y en especial por uno que es el que se encarga de controlar toda la nave, es una especie de timón llamado Auto. Wall-e es un robot reciclador que fue creado junto con otros para limpiar la tierra ante el paso del hombre, sin embargo es el único que «sobrevive»; el planeta es visitado por la sonda Eva que tiene por fin encontrar algún ser viviente y luego llevarlo consigo al Axioma, en esta travesía se encuentra con Wall-e de quien -podríamos afirmar que- se enamora «irracionalmente» y ambos se embarcan en una aventura por salvar a la humanidad y al planeta.

En cuanto al mensaje principal del film afirma el autor (Andrew Stanton):

Me percaté de que el punto que yo trataba de seguir con estos dos robots programados era su deseo de tratar de averiguar cuál es el punto de la vida […] Se tomaron estos actos realmente irracionales de amor para descubrirlos contra la forma en que se destruyeron […] Me di cuenta de que ésa era una metáfora perfecta para la vida real. Todos nosotros caemos en nuestros hábitos, en nuestras rutinas, para evitar la vida consciente o inconscientemente. Para evitar tener que hacer la parte difícil. Para evitar hacer relaciones con otra gente e interactuar con la persona que esté al lado nuestro. Es por eso que todos nos concentramos en nuestros teléfonos celulares y no tratamos con otro individuo de frente. Pensé: ‘Ésa es una perfecta amplificación del punto entero de la película’. Quería correr con la ciencia de una manera que, de alguna manera, la proyectara lógicamente.2

Se puede inferir -en otras palabras- que el fin de la película era hacer un retrato de una humanidad posterior a una eventual Singularidad Tecnológica, por esta razón la muestra cautiva de la tecnología, una humanidad que poco a poco -con el pasar del tiempo- va perdiendo aquello que los hace humanos. Si bien la tecnología no es mala en sí misma, debe ser utilizada para cultivar en el hombre su verdadera naturaleza y su propio conocimiento, esto es lo que nos enseña Wall-e –verbi gratia– cuando su mirada se pierde en el firmamento exhausto de su vida monótona y programada. De tal suerte que la tecnología va apartando al hombre de sí mismo -y de los otros- sumiéndolo en una soledad y aislamiento propios de nuestra época, en que ya no hay quien mire a los ojos, quien sostenga una conversación por largo rato o simplemente apague su aparato electrónico para disfrutar de la naturaleza, del entorno o de una buena compañía.

Después de la humanidad, de esta humanidad que conocemos, si no se toman nuevos senderos, si no se vuelve la ruta sobre lo que en realidad merece la pena, no habrá más que un mundo desolado, no tan dramático como una tierra repleta de basura tal cual es retratada en Wall-e, pero sí un mundo donde sujetos solitarios convertidos en marionetas de las máquinas van viendo pasar el tiempo sumergidos en universos paralelos creados y animados por aparatos electrónicos. La esperanza está puesta en que reconozcamos que algo no está saliendo bien, que la sociedad de consumo no sólo está exterminando el medio ambiente, no sólo al planeta, sino a nosotros mismos. La tecnología debería servirnos para recuperar lo perdido y con ella emprender nuestra vuelta a casa -siguiendo la metáfora de la película citada- antes de que sea demasiado tarde, antes de que el amor haya desaparecido del planeta y la humanidad se convierta para siempre en algo trágicamente diferente a lo que ha sido hasta ahora.

 

(*) Pablo Andrés Villegas Giraldo: Filósofo, ensayista y escritor de poesía.

 

 

2.  Steve Fritz (4 de julio de 2008) «How Andrew Stanton and Pixar Created Wall-e Part II» Newsarama. Consultado el enlace a través de Wikipedia el 30 de mayo de 2015.

 

Material consultado:

Bostrom, Nick, un resumen de sus teorías filosóficas disponible en: http://docsetools.com/articulos-enciclopedicos/article_94137.html recuperado el 30 de mayo de 2015.

______, _____, El argumento de la simulación, en: «La máquina de Von Neuman», recuperado el 29 de mayo de 2015.

Cummins, A. (23 de abril de 2010). 1993. El navegador Mosaic ilumina la web con color y creatividad. Recuperado el 19 de octubre de 2012, de Geeks Room: http://geeksroom.com/2010/04/1993-el-navegador-mosaic-ilumina-la-web-con-color-y-creatividad/17024/

Diéguez, Antonio, Biología sintética, transhumanismo y ciencia bien ordenada, recuperado el 30 de mayo de 2015 de: http://vientosur.info/IMG/pdf/VS131_A_Dieguez_Biologia_sintetica_ciencia_ordenada.pdf 

Duran, Fede, ¿Esclavos de las Máquinas? En: http://www.enriquedans.com/wp-content/uploads/2015/05/Interconectados-1.pdf recuperado 28 de mayo de 2015.

El principio Antrópico, disponible en: http://docsetools.com/articulos-educativos/article_1695.html

Gómez Dávila, Nicolás (2005), Obra Completa. Escolios a un texto implícito, Bogotá, Villegas Editores.

Kessel, J. (1 de diciembre de 2001). Imagining the Human Future. Up, Down, or Sideways. Recuperado el 2 de diciembre de 2012, de Imagining the Human Future: http://www4.ncsu.edu/~tenshi/ImaginingtheFuture.htm

Kurzweil, R. (marzo de 2006). Reinventing Humanity: The Future of Machine-Human Intelligence. The Futurist , 13-16.

Madruga, Alejandro. http://lacibernetica.blogspot.com/2014/01/singularidad-tecnologica-1.html recuperado 30 de mayo de 2015.

Robbins, L. (1932). Ensayo sobre la Naturaleza y Significación de la Ciencia Económica. The London School of Economics.

Steve Fritz (4 de julio de 2008) «How Andrew Stanton and Pixar Created Wall-e Part II» Newsarama. Consultado el enlace a través de Wikipedia el 30 de mayo de 2015.

Wall-E (2008), director Andrew Stanton, producida por Walt Disney Pictures and Pixar Animation Studios, Estados Unidos.

Literariedad

Asumimos la literatura y el arte como caminos, lugares de encuentro y desencuentro. #ApuntesDeCaminante. ISSN: 2462-893X.

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