«Un monstruo debajo de la cama», un cuento de Alexánder Buitrago Bolívar

Imagen: Jr Korpa.

 

 

En nuestra edición de septiembre-octubre de 2021: Metamorfosis, les presentamos un cuento de Alexánder Buitrago Bolívar (*).

 

 

Sucedió una tarde en San Vicente del Caguán, Colombia, hacia el año 2001, mientras pulía los deformes versos de un poema. Los versos, que no vienen al caso, rezaban así: voy a vestirme de tu cuerpo/cada muslo sobre cada vértice/escalando la premura de tus dedos/qué poros, qué ansiedades quedan por nombrar…/. El hecho ocurrió en mi habitación. En un parpadeo. De un borrón. Como soplando botellas. Al pasar la página del libro que leía. Salió de debajo de la cama. Como un suspiro. Tal como lo oí de boca de mis hijos. Hay un monstruo debajo de la cama, decían. No lo podía creer. Había saltado de un Aleph laberíntico olvidado en las muchas hojas tachadas por algún inoficioso.   

Abrí los ojos, pálido, mientras caía de la silla. Los libros, los pocos libros que me esperaban ansiosos por ser leídos, saltaron de sus estantes para ponerse a salvo donde pudieran, volaron por el aire, se golpearon sus lomos de cuero o se desprendieron de sus duras tapas desparramando sus hojas por el piso. Poeta en New York trató de subirse al armario entreabierto. Hojas de hierba quiso deslizarse debajo de la puerta para no ser pisoteado por las pezuñas de quien, a pesar de sus intentos, quebraba repisas, tumbaba cuadros, porcelanas, rompía y cuarteaba el piso de mi habitación, mientras yo no concebía todo el desastre que iba dejando a su paso; su monstruosidad de toro le hacía perder el equilibrio dentro de mi habitación.  

Bastaron unos segundos para que aprendiera mi idioma. O no sé si, por el contrario, ahora que lo pienso, fui quien adquirió su lenguaje. Me dijo que no esperaba nacer tan pronto, hubiese preferido estar perdido, extraviarse en la conciencia del espacio, lejos del pobre criterio de los hombres, no es el momento de nacer…, señalaba como queriendo citar al autor del libro al cual me aferraba como al borde de un abismo. Pero no me pareció insólito que por las paredes de mi habitación aparecieran caracteres en diversos idiomas. Tampoco me extrañó que me señalara varias puertas invisibles en mi habitación, y que, quiero aclararlo, no había visto. Trataba de no exaltarme, de no sorprenderme demasiado ante estos eventos antinaturales. Creí estar soñando, pensé, y el Minotauro, leyendo mi silencio, respondió que había venido para que no lo siguiera soñando. 

Pero no comprendí lo que me dijo. Para mí todo era un sueño. Suponía que de un momento a otro despertaría a la realidad de siempre: ir a la oficina bajo el peso del clima húmedo del pueblo donde vivía. A nadie hablaría. Callaría como siempre. Quizás hasta me crean loco y me internen en un psiquiátrico. Nadie debía enterarse de lo que encerraba. Nadie. O quizás hablara con Pachito Sánchez, un curita de confianza, de esos de labranza, caminatas largas y cerveza en mano.  Pachito también era un soñador, le gustaba afrontar la realidad, andar de la mano de Dios y él lo protegía siempre.  Pero a diferencia del cura, un hombre de edad media, rostro sereno y una delgadez que mostraba la alegría de su opción personal al hablar de las cosas de ésta y de la otra vida, el minotauro era un monstruo de dos metros cincuenta de estatura, peludo, con cascos que según él, poco a poco, irían adquiriendo la forma que yo quisiese, porque desde el principio sabía  que era él quien me soñaba (y no yo a él con sus dos cuernos fantásticos como los de Hellboy y musculatura envidiada por cualquier Avengers).  

Nadie llamó para hacerme reclamo por el ruido. Tampoco la señora que iba todos los días a ayudar en las cosas de la casa se quejó por el estado de la habitación, ni por los enormes huecos de la pared, el techo o la rajadura del piso. Tu trabajo, oí al minotauro, será escribir para no quedar atrapado dentro del sueño, para qué aceptar que tú eres otro. Te llamarán loco. Tus allegados se burlarán de ti apenas crezcan tus manos y, al cabo de unos años, seas como soy ahora. No creerán en tus ideas, y con el tiempo, si tienes valor, te volverás huraño, cambiarás tus rutinas diarias, e incluso no volverás a salir por temor a los gritos de la gente.  Y, como yo, desaparecerás en el parpadeo de algún escritor que también te sueñe. 

Sin embargo, la idea no me deja dormir. Es sólo mi imaginación, hablo al espejo cada vez que noto exceso de barba o siento, de momento, por el exceso de la cafeína y las pastillas que tomo para la ansiedad, que mis pies no caben dentro de mis zapatos y que ya no me gusta la carne, que detesto la gente y la luz, y prefiero los laberintos. Sé que nada puede alterar el curso de la realidad. Ni lo que yo escriba, ni lo que imagine, nada alterará ese momento en el que habite debajo de la cama, mientras vea cómo se reconstruyen los anaqueles, los libros regresan a su lugar, la cama vuelva a dormirse y desaparezca yo en el desorden de la habitación. 

Cerré el periódico de golpe. Un bramido, que hizo temblar los marcos de mi realidad, se expandió como un virus dentro de mí para impedirme huir del sueño a tiempo, antes, justo antes de que me contuviera la escritura, los círculos, los números, la geometría de la noche, los laberintos y, como el minotauro, desapareciera debajo de la cama olvidando quién era y el lenguaje de los hombres.

 

 


(*) Alexánder Buitrago Bolívar: Nació en Zipaquirá, Colombia. Ha participado en varios colectivos literarios. Obtuvo el premio literario internacional David Mejía Velilla otorgado por la Universidad de la Sabana por el poemario Casa Habitada. Ha publicado los poemarios Estación del fuego, Aprendiz de Oficio y Gato gramático.

Literariedad

Asumimos la literatura y el arte como caminos, lugares de encuentro y desencuentro. #ApuntesDeCaminante. ISSN: 2462-893X.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s