Editorial

Morir como Balzac

Si más de cincuenta tazas de café al día no nos sirven para vigilar nuestra propia escritura, asesinos del sueño, pesados ángeles bostezantes, para terminar de conocer a nuestros amigos o, al menos, su manera de parecerse a nosotros en lo cansados sin empezar a correr, en lo muertos en vísperas del nacimiento, en lo abyectos en su espíritu limpio; si el café no nos da una familia.

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