Camilo Alzate

Rindiendo culto a Salinger

Uno juzgaría superficial tanto al personaje como a sus aventurillas de escolar desaplicado, entre pésimas notas, peleas y frustrados lances sexuales, tontas discusiones sobre el aspecto físico de los compañeros y mil idioteces similares. Pero si suponemos que al escritor no lo hacen los temas sino la forma de contarlos, Salinger muestra madera cuando puede vaciar aquellos dilemas insípidos sobre las páginas con transparencia absoluta, sin contaminarse de la pesadez erudita que sobra en nuestros contemporáneos.

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