Poemas de Gabriela Rosas

En la foto la poeta venezolana Gabriela Rosas, por Alejandra Flores.

 

La poesía de Gabriela Rosas* es piel, cuerpo y amor. Una banda sonora. Contundente. Sus versos son una estocada, resuenan y te acompañan luego, sus versos logran quedarse.
Escucharla recitar es una experiencia extraordinaria, que ninguno de sus lectores debe perder. Para la poeta Gabriela Rosas las palabras son una mecha y la página en blanco un incendio.

Marlo Ovalles.

(La Mudanza, 1999)

 
El gato

Estuve en tus huesos
me acerqué a tu palabra
porque era dulce y atemorizaba

los demonios tienen uñas de gato
nos devoran la carne
hasta llegar al alma

nada es para siempre
no se equivocan los labios
cuando al fin hablan

Este día no suena
yo quería correr tu misma suerte.

 

 

 (Agosto interminable, 2008)

(a Santos López)

Quise escribir un poema redondo
de los que he visto quebrarse en tu lengua

pero ha sido imposible nombrar los gallos
llegar y partir de lo blanco

darte algo
que te lleve
que te traiga
del mar

doblar cien veces cada poema que habitas

perderme
invicta
en el color de los años

partir de tu risa hacia otra risa

arroparme en tu abrazo.

 

                        (Blandos, 2013)

 
 
Cuatro

Lloro siempre porque soy de agua.
Ojo conmigo. Calibro mal el dolor.
Carina Sedevich

Hoy las hormigas caminan adentro de la piel
pienso en la corta vida de los labios
en lo que se apaga
le hago caso al aire que me falta

un poema llueve
esa caricia
sobre el hombro
es un pez
somos la voluntad de escuchar
el silencio
lo simple
el pequeño mordisco
que se queda en los dientes
las tormentas que dan miedo

nunca le mientas a un deseo

cuando escampe
todo lo que caiga será tuyo
hay personas que viven bajo el agua.

 

(Quebrantos, 2015)

 
 
Postal

Una boca es sólo eso
hasta que te abre en dos
y habita la tormenta que eres
entonces, tiemblas
en una boca cabe toda la lluvia.

Quebrantos
 
III

No hables de la belleza
Si eres incapaz de sostenerla.

 

 

Inédito

 
XXV

El hombre se desnuda por toda la casa. Se mece, prepara el café, enciende la televisión, bebe un poco de agua. No me ama lo sé, sigo viva. La cena no siempre es en la boca, me cuenta su parte de la historia, se arrodilla, lo levanto, le miento, nos mentimos, pasan dos años. El hombre llora, como un niño llora. Me niega, tres veces me niega, luego me acaricia. Vuelve con girasoles en una bolsa roja. Me planta su ternura en la cocina. Lo miro, trae un caballo, sin montura, trae un caballo.
El hombre sabe que el abrazo pequeño me conmueve. Viene a decir que el mar, sus altas olas, sus orillas, no eran imaginaciones.
El hombre se duerme sin dar la batalla. La noche se le quiebra junto al pecho. El pecho queda solo. No hay nada más triste, que la soledad de un pecho que pudo ser amado. La noche sobrevive, el hombre no, al hombre, se le mueren las caricias.
A oscuras, todo es tan claro.

 


* Gabriela Rosas (Caracas – Venezuela). Poeta y narradora. Primer lugar Premio Nacional de Poesía para Jóvenes Pérez Bonalde (1995). Primer lugar Bienal de Literatura Lydda Franco Farías 2014, mención poesía. Ha publicado los poemarios La mudanza (Eclepsidra, 1999), Agosto interminable (Eclepsidra, 2008), Blandos (Taller Editorial El Pez Soluble, 2013) y Quebrantos (Ediciones del Movimiento, 2015). Traducida en varios idiomas. Incluida en varias antologías poéticas y de cuentos. Editora del Stand Up Poetry en Inspirulina.com. (@magarosas, @magabrielarosas).

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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