Selección de minificciones de Mónica Brasca

 

                                         Relatos de una ciudad junto al río

Presentamos una selección de minificciones de la escritora argentina Mónica Brasca de su primer libro Lugares vedados (Buenos Aires, 2018).

 

Por Fredy Yezzed

Lugares vedados (Kintsugi Editora, Buenos Aires, 2018), de Mónica Brasca, es un libro de minificciones que narra asesinatos, separaciones trágicas, secretos de familia, suicidios por amor, jubilados solitarios, infidelidades, traiciones e historias de una enigmática ciudad junto al río.

El lector hallará en estas páginas, donde los personajes femeninos son memorables, historias que van de lo realista a lo fantástico, de lo cotidiano a lo trágico, y de lo nostálgico al humor negro.

Uno de los grandes aciertos que poseen estos relatos es que develan la paciencia y la rigurosidad matemática con que han sido escritos, donde la ironía, que es un don de pocos, y el juego, son dos de los engranajes que más impactan.

Los minicuentos de Mónica Brasca atraen por su aparente sencillez y en ellos convergen las claves para la confección de toda una crítica social.

Buenos Aires, noviembre de 2016

 

 

Trapos sucios

 

A cada vuelta del tambor del lavarropas, replicaban en su cabeza los rítmicos cintazos que le daba su padrastro cuando era niña. Volvían los insultos, los silencios amenazantes, los manoseos de la adolescencia. Hipnotizada por el vaivén, detrás del vidrio redondo vio mezclarse las sábanas con la camisa y el pantalón de él, hasta que todo fue tiñéndose de rojo. Confiaba en que con el último enjuague todo volvería a pintar como antes.

 

 

El pan de estos días

 

Nueve menos cuarto de una gélida noche de mayo. Sonó el timbre. Fui hasta la puerta a recibir con un abrazo a un amigo de la familia que llegaba de viaje. No era Gastón, sino un muchacho de muy mal aspecto que dijo estar vendiendo pan casero. A través del vidrio me enseñó un canasto en el que supuestamente había panes, desafiándome con el gesto de quien empuña un cuchillo. Dentro de mi casa, con llave, me sentí totalmente indefensa ante el rencor de esa mirada. Él sabía cuánto miedo infundían la hora, su cara, sus modos. No le creí, pero fui a buscar dinero. Al volver, le oí decirle a otro:

—Va’ a ve’ que ahora me sale con que no tiene cambio.

Tampoco yo había inspirado su confianza.

Cobardemente le di los cinco pesos, aun temiendo que de la cesta sacara un arma. Pero me dio a elegir entre los pocos panes que todavía le quedaban. Tomé uno cualquiera, sólo me urgía cerrar la ventana.

No hubo caridad ni genuina entrega. Ninguno de los dos salió ganando ni siquiera el alivio de una sonrisa.

 

 

Discreción unilateral

 

El traductor guardó en su maletín, bajo llave, la palabra que había omitido y se marchó de la reunión cumbre, seguro de haber puesto fin al eterno conflicto entre aquellos dos países.

 

 

La mirada amorosa

 

La abuela me cepilló el pelo y lo tomó con un moño que hacía juego con el vestido nuevo, regalo de mi madrina. Tras muchas recomendaciones y besos, papá me dejó en el cumpleaños de Anita. Entré corriendo, contenta, pero me estremeció la sensación de haber olvidado algo importante, como traer el regalo o, mucho peor, ponerme la bombacha. Antes de salir, no había pedido la bendición al retrato de mamá.

 

 

La poda

 

En treinta días de intenso trabajo escribí las ciento veinte páginas de mi primera novela. Orgulloso, la presenté al editor. Le gustó el tema, pero me propuso hacer algunos recortes. Luego de tres meses de salomónica elección de lo que estaba de más, la volví a someter a su juicio. Me sugirió transformarla en un cuento. Lo hice al cabo de un año. Le pareció que aún tenía varios datos superfluos para eliminar. Estoy en busca de una antología que acepte mi microrrelato.

 

 

Confesión de parte

 

No busquen más al culpable: fui yo quien asesinó a mi exmujer. La amaba demasiado y no podía olvidarla. Lo hice con esta misma arma que ustedes encontraron en mi mano izquierda, con la que en unos segundos la eliminaré de donde sigue viva: mi cabeza.


36199915_10155804379638380_7442730414713602048_nMónica Brasca. Rafaela, Santa Fe, Argentina, 1957. Es cuentista y traductora de inglés y portugués. Sus minificciones han obtenido premios e integran antologías nacionales e internacionales. Desde 2012 participa en el taller de minificción Marina de Ficticia, dirigido por el escritor mexicano Alfonso Pedraza. En el período en curso, colabora en la coordinación. Publicó el libro de microrrelatos Lugares vedados y tiene inédito el libro de cuentos El camino de regreso. Actualmente vive en la ciudad de Santa Fe.

 

Fredy Yezzed

Bogotá, Colombia, 1979. Escritor, poeta y activista de Derechos Humanos. Después de un viaje de seis meses por Suramérica en 2008, se radicó en Buenos Aires, Argentina. Tiene publicado los libros de poesía: “La sal de la locura”, (Premio Nacional de Poesía Macedonio Fernández, Buenos Aires, 2010), “El diario inédito del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein” (Buenos Aires, 2012) y “Carta de las mujeres de este país”, (Mención de Poesía en el Premio Literario Casa de las Américas 2017, La Habana, Cuba). Como investigador literario escribió los estudios “Párrafos de aire: Primera antología del poema en prosa colombiano” (Editorial de la Universidad de Antioquia, Medellín, 2010) y “La risa del ahorcado: antología poética de Henry Luque Muñoz” (Editorial Universidad Javeriana, Bogotá, 2015).

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