Poemas de Patricio Torne

El poeta Patricio Torne. Foto de su archivo particular.
El poeta Patricio Torne. Foto de su archivo particular.

Patricio Torne *

Poemas

CONVERSANDO CON EL ÁRBOL

Hace días que converso con el árbol, pero nunca recuerdo su especie. Total que siempre le pido la fruta equivocada. Mi padre desde siempre se afanó por cultivar frutales y árboles de buena madera. Mi padre, además, era carpintero. Pero yo, más que nadie, desde el principio estuve convencido que en casa de herrero cuchillo de palo. Yo solía entrar a la carpintería, y me bastaba con hacer que la esencia y el olor de la madera entraran por mis poros. Con eso me bastaba. Ese aroma tan particular flotando en el aire, haciéndome creer que estaba en un lugar distinto, un otro lugar que no era ese, donde la sinfín transformaba gruesos troncos en apreciadas y delgadas tablas con las que se harían los muebles. Allí donde al ir y venir de la sierra se le sumaba el tac tac ahogado de los palos cayendo al piso sobre su propio aserrín. Nimiedades de una especie hundiéndose en su propia sangre. En esas incursiones, sin embargo, algunas cosas aprendí. Aprendí que el cedro, por ejemplo, es el árbol símbolo del Líbano, y se estampa en la bandera de este país -hay quienes lo llaman “madera de Dios”-. No sólo es oloroso, es fiel, duradero y con mucha fibra. También sé que la pinotea, cuya fragancia nos lleva a los tiempos en que era abundante, y los pisos hechos con ella delataban el buen gusto de los moradores, es rojiza amarronada y de gran resistencia al tiempo. Imposible de ser sustituida ya que su veta es una cosa que no tiene par con otras maderas. Que el paraíso es perfumado, y su olor es tan bello como sus vetas, que en algunos casos fue usado para sustituir al cedro, pero los resultados no han sido los mismos, por lo tanto, salvo para cuestiones menores, esta madera no es aconsejable. Esto y otras cosas he aprendido a cerca de maderas que siempre huelen bien. Ahora mismo converso con el árbol del patio, pero estos no son temas que tratemos con frecuencia. Él no cree que alguna vez ha de morirse aserrado para volverse un objeto suntuario, ni yo, que conozco sobre decepciones y otros desencantos, pienso que una desgracia mayor se haga presente por seguir pidiendo peras al olmo.

 (inédito)

UN TEXTO DRAMÁTICO

-Para Florencia Wlfisch y Alejandra correa, dos artistas de la puntada-

No, no aprendí a coser como lo hacen esas huérfanas criadas en el convento igual que mascotas. Yo he dormido con papel tisú sobre la mesa de noche, y le gané a la inundación de las lágrimas. Dios, el diablo, y mi primera maestra saben bien que a la hora de sufrir no me anduve con chiquitas, pero coser, eso sí que no aprendí. Hasta zafar de un sueño recurrente que venía desde mi niñez pasaron muchos años, allí corría por pasillos húmedos y oscuros escapando de una luz que me seguía para volverme fuego, y llevaba en mi mano un carretel de hilo “cadena” que se iba desarrollando mientras disparaba. No es hasta el instante mismo en que me alcanza que yo despierto bañado en un sudor de vergüenzas, entonces me siento hasta el amanecer para no tocar las sábanas mojadas. Mis hermanos, si, aprendieron a coser, pero ellos siempre tuvieron el espíritu de mascota que a mi me faltó. Sé muy bien lo que es andar envuelto en trapos viejos, cubrir las osamentas con mantas o prendas en desuso, y sé, también, de los lamentos por no saber coser como lo hacen los vecinos, pero eso es algo que me fue negado, o la falta de coraje impidió que yo aprendiera. Será por todo esto que admiro a las “Patricias Mendocinas” que en un abrir y cerrar de ojos, bordaron perlas, lentejuelas de oro, y una roseta de diamante para adornar el óvalo del sol en la bandera de los Andes que les encargara el General.

Hace días me persigue la idea de la muerte, y uno tiene muchas películas al respecto, dicen que las malas personas se vuelven cenizas del infierno, pero yo no soy mala persona; que las buenas se vuelven polvo celestial, pero, por suerte, tampoco soy una buena persona; que las mariquitas se hacen purpurinas, y los trabajadores, virutas del metal con el que supieron lidiar. Yo quisiera ser parte de las cosas que Alejandra y Florencia hacen para exorcizar mi mal destino. No sé, una puntada, un pespunte, ir y venir de hilos rojos o azules sobre una tela blanca. Un bordado, un punto cruz sobre el papel y los atuendos imposibles. Estar allí, aunque más no sea como una molestia en la dialéctica de sus obras de arte. La redención como parte de una belleza que estas mujeres manejan a la perfección.

 (inédito)

DESCOMPOSICIÓN

Todo está condenado a su propia descomposición. Desde el aire que se entrega a las manos del hombre, hasta el acero expuesto al aire. El diamante, incluso, aún teniendo la más alta dureza y conductividad térmica de todos los materiales, no deja de ser el resultado de la descomposición de Los minerales que contienen carbono. Las plantas, sus frutos, los alimentos, todos expuestos a la descomposición. Todo, menos este frenesí. Una palabra se descompone apenas dicha. El pescado con la luna llena y la carne que quedó fuera de la heladera. Todo, absolutamente todo, menos este frenesí. Una línea escrita ahora, descompuesta en la interpretación del que lee. El crítico descomponiendo lo que hizo el artista y el artista descomponiendo la realidad. La realidad alterada en los modos de ser vista por los observadores sociales, y la verdad alterada por los discursos del poder, todo, todo se descompone, menos este frenesí. La luz blanca descompuesta, según Newton, en seis colores principales, y los números descompuestos en decenas, centenas o la multiplicación de números primos. Todos los cuerpos vivos que pasan a formas más simples de materias, según la biología, o la ruptura de moléculas largas formando átomos, según la química. Todo descomponiéndose, menos este frenesí que vos y yo instalamos, alterando la familia, haciendo que tu madre queme toda tu ropa queriendo exorcizarte, y después se descomponga del disgusto.

(inédito)

BUZOS

(Un ecologista a punto de quebrarse)

Me importa el mar,

su salinidad y la vida en las profundidades.

Pero mucho más me importan

tus piernas

y esas formas que marean

próximas a las aguas

de nuestro propio mar.

Regresando de una exploración,

Cousteau nos advirtió

que la vida en los océanos

ha disminuido en un cuarenta

por ciento desde los cincuenta

a esta parte, debido a la pesca

en demasía y la contaminación.

Pero tus piernas y lo que sostienen

contaminan mi espíritu ecologista

obnubilando mis pensamientos.

Otro investigador, a propósito

de la contaminación, predijo

que en veinticinco años los océanos

quedarían sin vida. Dijo incluso que

por su poca profundidad, el mar Báltico

sería el primero en morir.

Me asustan dichas predicciones,

ese futuro donde los hombres

son los que cierran

las puertas enclaustrando

las sirenas hasta matarlas,

pero antes que el habitad

de las aguas salobres

y sus habitantes

me preocupa este deseo torrencial,

y temo morir ahogado

sin poder abrazar tus piernas.

(inédito)

MAREAS


El cardiólogo dijo que “todo marchaba sobre rieles”, el usó ese anacronismo, y yo estuve más convencido que nunca: mejor hubiese sido ver a un marinero, ellos saben más que nadie de los flujos y reflujos del agua, las distintas variantes del mar dependiendo de la luna, incluso saben muy bien de las afecciones cardíacas que dejan sus pasos por los puertos. Entonces pensé en vos. La última vez que te vi tenías los ojos más bellos del universo. Dijiste que habías estado viendo una peli muy triste por el cable: Marea baja. Los días fueron pasando con esas variaciones que hacen que uno se enamore de los aislamientos, o piensa en las peluquerías como un refugio contra el estrés. En la yema de mis dedos, queda todavía el perfume de tu cuello. Las caricias cuando más leves y sutiles, más perdurables se vuelven, y uno encuentra en la memoria de esos instantes el acicate para una sonrisa cuando menos lo imaginamos: Marea alta. Si hay una próxima vez para encontrarnos, quisiera pedirte que vengas sin haber visto la tele, como para confirmar que la hermosura no necesita de la tristeza y hasta es posible que me toque el más seguro de los barcos mercantes. Todo se vuelve arena o mar, según convenga. Después vendrá pensar si barca o muelle le haremos al corazón.

 (inédito)

RESACA

Ahora es lo que pesa. El dolor donde antes hubo dicha. Lo amargo de una fruta que antes supo la más jugosa y dulce de su especie. Lo que de ser veneno mata con esa lentitud que te hace dialogar con el verdugo. Lo que de ser verdugo lleva el rostro y el perfume del que amas y viene a indigestarte. Lo que de haber sido sonrisa ya es la mueca, es el espasmo. Lo que no más fuese el elixir, vuelto hiel como cicuta en las entrañas. Lo que no tiene remedio. Eso que está lejos de cualquier bálsamo. Lejos de toda compasión, toda palabra bienhechora, porque la ternura de otra fuente nunca alcanza y es infierno después de tanto cielo. Lo que a pesar de tanto infierno es una espada congelada rompiéndote de frío, y mucho más que todo eso. Lo que uno siente que es mejor no haber tenido paz; ni haber bailado con lo más deseado de la fiesta, o haber comido de su plato hasta saciarse nada más que con las migas, vaciando una tras otra las botellas del más franco de los vinos.

Lo que antes de tan breve fue un suspiro, vuelto ahora bocanada sin aire en los pulmones. Lo que lejos de querer ser vade retro, maldición, un acto despreciable, es pura pena por saber lo que nos falta. Un acto irremediable de conciencia con piadosa mentira, haciéndote decir que ahora has aprendido; que es mejor ser un estoico, un ermitaño, un desalmado, un cero, alguna piedra, cualquier cosa menos la pasión; cualquier objeto menos la sangre. Porque nadie está dispuesto a resistir tanta tragedia, tanta sombra en lo inmenso de la noche, y lo que es peor: nada es tan grande como este malestar que nos aqueja, que sólo hay un brebaje capaz de disiparlo, y es el mismo veneno que lo trajo.

Del libro Materialismo Dialéctico, Editorial Deacá, 2013


(*) PATRICIO TORNE: Nació en Helvecia (pcia de Santa Fe) el 31 de enero de 1956. Desde 1985 reside en Villa Mercedes (San Luis), donde desarrolla distintas actividades relacionadas con los espacios sociales, periodísticos y culturales.

Desde 1985 dirige los talleres literarios de la Secretaría de Extensión Universitaria de la Universidad Nacional de San Luis en Villa Mercedes.

Es Coordinador del Área de Cultura y Artística de la Secretaría de Extensión Universitaria de la Facultad de Ciencias Económicas Jurídicas y Sociales. de la U.N.S.L.

Es responsable, junto a los Taller de escritura que coordina, del Ciclo PRETEXTO. Donde poetas de todo el país, la región y locales se dan cita para desarrollar lecturas y compartir experiencias creativas desde el 2010.

Libros editados: Orbita de Endriago (Editorial Filofalsía -1990), helvecia y otros tópicos (Editorial “Todos Bailan” -1990), Donde Muere la Lógica  (Editorial “Último Reino” -1992), Anacrónica (Ediciones de la nada – 2000), Perros (Editorial Revistas Callejeras – 2010), Materialismo Dialéctico (Editorial deacá -2013).

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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