Selección de poemas de William Alfaro

En la foto el poeta salvadoreño, por Luis Fernando Osorno Giraldo.

 

 

 

William Alfaro *

Selección de poemas leídos en el Festival Internacional de Poesía de Medellín y Festival Mundial de Poesía de Venezuela, 2016.

 

 

 

 

 

El marido de la peluquera

“Lo que fue tan hermoso que no caiga al olvido,
te estaré recordando por siempre
Mathilde que tú no te has ido” (De una canción de Pedro Guerra).

 

Cuando lleguen las últimas palabras
y el silencio sea tan preciso
como la lluvia de todas las despedidas
y los reencuentros,
él tomará sus pechos para hacerlos suyos,
líneas de sus manos,
comisuras sobre senos.

Le hablará de aromas,
de bailes infantiles
y grandes promesas de amor.

La mirará a los ojos
todos los días de su vida,
la recordará siempre
porque jamás se fue,
porque nunca se ha ido.

La abrazará fuerte,
hasta perder el aliento,
hasta que nosotros
al son de esa vieja canción

no podamos respirar,
y adentro,
muy adentro nuestro,
muy adentro de nuestros miedos,
nos salvemos bailando
en los pasillos de las peluquerías.

 

 

 

Las gaviotas de San Pablo

Ayer observé los guijarros de los hombres.
Contemplaba las gaviotas de San Pablo pelear con los cuervos.

En alguna página perdida,
los poemas de Neruda, Isla Negra en el extremo sur
y las gaviotas surcando la marea baja de Chile.

En otra página apolillada, Poe resucitaba a los cuervos,
sus manos negras de gato
asustaban a los ojos tiernos de los corazones.

Era el frío de noviembre en la bahía
y los guijarros de los libros
y los poemas no significaban nada.

Ayer comprendí muchas cosas,
entre ellas,
la razón del odio y la soledad.

San Francisco, California, noviembre de 2006.

 

 

 

Poética imperfecta

Comenzó al borde de la cama
en la ciudad equivocada
tenía unas rosas marchitas
en un florero de cartón
por las noches tejía
con sus venas un abrigo para el verano
coleccionaba quebrantahuesos
y palabras prohibidas por Dios

un día palpó bajo su falda
le agradó el olor de la tinta fresca
y se quedó a dormir

cuando despertó
«la muerte era la vida entera»
había libros rotos
y papeles dispersos
puertas y ventanas abiertas

ella estaba desnuda
como la primera vez
como cuando tuvo sueño
y mordió su carne

y bebió su sangre
como cuando fue un crepúsculo
golpeando la puerta de su vientre.

 

 

 

Metáfora sexual

Y sueñas a mi lado, duermes.
La sábana dibuja tu esencia desnuda,
senos cubiertos por el aire,
carne revelada por la luz.

Mis ojos cruzan los senderos del lienzo,
las fronteras de tu piel.

Tu cuerpo es una tierra habitada por mi cuerpo,
un presagio de las manos,
una voz nocturna, eco constante.

Viajamos por los resquicios de la noche.

La boca entreabierta de fulgores
susurra una inmemorial letanía de amor.
Traduce en gemidos el lenguaje de los cuerpos.

Tú y yo, apenas un sueño,
la prolongación de los tiempos.

Carne reencontrando carne,
“je vais et je viens”.

Tú me buscas,
me encuentras,
volvemos.

Sueñas a mi lado,
y yo,
sueño con un sueño.

 

 

 

La locomotora de los sueños

El réquiem comienza a sonar a las cuatro de la mañana,
mientras,
las bestias leen estremecidas en la recamara.
Aquí todos duermen,
hasta los pájaros

todo es silencio,
a veces, sólo a veces
se escucha una leve tos de Maya
en el cuarto contiguo.

Boccanera lo dice todo esta noche,
afectuosamente se despide de Teillier,
mientras la locomotora atraviesa un sueño
y otro anidado en el insomnio.

Yo tengo los nudillos torturados e insomnes
y un presentimiento capaz
de despertar a San Salvador por entero.

 

 

 

Colecciono…

Colecciono imágenes de tu rostro,
miradas multiplicadas,
palabras que pasan inadvertidas
y segundos prolongados por el viento.
De vos,
tengo estampado el pecho
con figuras diminutas de Dios,
pañuelos rojos y piedras invisibles.
Colecciono voces, músculos femeninos
gotitas de sangre y fuego, caramelos
y fotografías antiguas de mi padre.

De vos, conservo esa palabra que me enseñaste.
Amor, llamaste a esa palabra,
eco interminable de tu ausencia.
Yo estoy aquí,
un día y otro,
esperándote,
coleccionándote.

 

 

 

El rostro del antípoda

A Marcela y Maya, mi rostro duplicado.

 
Marcela pensaba que las palabras se formaban de pequeñas estrellas,
astros azules perdidos en las noches de los niños.
Maya creía que los colores fueron creados por una aurora
que se fue congelando en un rincón del planeta.

Yo pensaba diferente a ellas.

Afirmé que las palabras eran flechas-serpientes lanzadas por la muerte,
desesperadas mariposas que huyen de los sueños,
Supe, desde un inicio, que los colores no serían más que el negro, el rojo y el amarillo.
La noche que nací lo supe, oscura lengua del destino, sangre derramada en sus ojos, en una pálida flor del olvido.

Ellas saben más que yo, como por ejemplo, hacerme creer que estoy equivocado.

 

 

 

Autorretrato estenopeico

Nosotros. Los insumergibles, los que decidimos colgarnos de un enorme trapecio suspendido en el vacío, hemos vuelto para despedirnos, no queda más de nosotros.

Nosotros: tú y yo, este camino, el agua y la música de todas las mañanas se ha roto en los rosarios. No hay huellas ni salmos que los salven.

Tú y yo, fuimos dos lágrimas vagando en rostros opuestos.

Éramos silencio en los cuartos, ecos en los pechos repitiendo lengua y saliva, lengua y saliva.

Tú y tus labios, yo y mi sombra, la música alta, muy alta rompiendo el tejado.

Ahora nada existe, y el ritmo, esos violines inmensos apenas se escuchan a lo lejos, allá, detrás de la lentitud.

Todo quedó atrás, en los libros de cristal, en las cortinas abrazadas por el polvo, en los poemas devorados por las termitas y las colillas rojas de tus labios.

Sé que quieres razones, almohadones, respuestas, sábanas cubiertas de fluidos, una vuelta atrás, y un beso desbordando un arcoiris.

Pero ya nada florece en el jardín, no hay estrellas en la noche, y tú y yo comenzamos a desvanecernos.

Nosotros, y el sol siguiéndonos, apagándose.

Tú y yo, somos, lo que apenas fuimos.

 

 

 

El día que no nacimos

 

Un minuto de silencio por las madres de El Salvador.

Laura Aguirre.

 

Yo te pido perdón, madre, por haber nacido donde naciste, por ser hijo de la locura que jamás arropaste en tu vientre.

Yo te pido perdón, madre, por llevarte de la mano al llanto, por hundirte mis lágrimas como agujas.

Yo te pido perdón, madre, por terminar en la orilla de los sueños como una pesadilla que se ahoga con el agua amarga de los días.

Yo te pido perdón, madre, por este inmenso dolor que llevo tatuado en los labios con los que beso tu bendita frente.

Yo te pido perdón, madre, por robarte el brillo y la sonrisa en este postrero día, infinito, en la que no nacimos.

12/5/2016


(*) William Alfaro nació en San Salvador, El Salvador, en 1973. Es poeta, escritor y periodista. Integró el desaparecido Taller Literario El Cuervo, miembro de la Fundación Cultural Alkimia y del Proyecto Poético Multimedia El Verbo en la Ventana. Además de crear Los Miércoles de Poesía, de la Peña Cultural Los Tacos de Paco, fue jurado de distintos certámenes poéticos e impartió  talleres literarios a niños, jóvenes y personas con discapacidades auditivas y visuales. En 2012, junto a un grupo multidisciplinario de artistas fundó el Movimiento de Artistas Independientes de El Salvador (MAI).

Autor del libro de poemas Proclive, de varios poemarios inéditos y de las plaquettes Déjà vu  y Ciudad Amenazada, parte de su poesía ha sido musicalizada y publicada en antologías de varios países de Latinoamérica y Europa. Ha participado en los más importantes festivales poéticos de Centroamérica y las lecturas de sus poemas lo han llevado a México y Estados Unidos. Participó con una selección poética en el número 739 de la revista literaria española Cuadernos Hispanoamericanos.

Coordinó, con el poeta Jorge H. Aguilar, el taller de poesía Vorágine, del departamento de Idiomas de la Universidad de El Salvador. En el presente año participó como poeta invitado en el Festival Internacional de Poesía de Medellín y en el Festival Mundial de Poesía de Venezuela.

 

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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