El viaje. La proclama. ¿La crítica involuntaria?

Exodus. Theatré Malagana Troupé (Cali) en la VII Muestra de Teatro Alternativo de Pereira, 24 de julio de 2015.

Exodus. Theatré Malagana Troupé. Foto por Lola Gómez
Exodus. Theatré Malagana Troupé. Foto: Lola Gómez.

Por: Camilo Alzate

“Exodus” es una reescritura a la colombiana de “Emigranci”, la obra sobre el drama de los inmigrantes ilegales, escrita por un autor polaco del que hasta ayer no tenía noticia y cuyo nombre me costaría deletrear. Roberto Garcés adapta, dirige e interpreta a un intelectual exiliado que sostiene un diálogo denso, pesado y agreste en contrapunteo con su compañero de cuarto (Rubén Prado), obrero ignorante, simplón y espontáneo. El obrero abusa económicamente del intelectual. Ambos están ilegales, jodidos en la inopia. Sus caracteres proyectan sombras que aumentan en intensidad, siempre más espesas, más deformadas, atrás el decorado del escenario decadente, casi catastrófico. Cacharros rotos. Hambre. Suciedad vergonzante. Aire de cloaca, de ratonera, de cuchitril. Harapos. Sobras de basura, de alimentos, desperdicios. Sobras de ternura. De compasión. O de inocencia. Sobras.

No obstante la luz de tinieblas que carga el ambiente, francamente insoportable y angustioso, aquellas sombras van definiéndose hasta un punto de la narración donde podemos aventurar detalles: la relación enfermiza entre el obrero y el intelectual va más allá de la conchudez del segundo y de la benevolencia del primero; el drama del migrante fuera de su tierra es justamente un conflicto con su tierra, con su vientre, con su origen. El “Éxodo” tormentoso que se nos propone significa un viaje al interior de las mezquindades de cada uno, que no son muy distintas. El burro macho, el animal que carga ladrillos, desnuda al brillante intelectual, amanerado y cínico, porque lo obliga a descubrir que su inteligencia es una sofisticación absurda para el mismo egoísmo irracional de fiera. Uno busca dinero, comida, placer. Otro afanes de gloria, de fama, o de favores mundanos, mucho más mundanos. Una bestia ingenua y bruta contra otra bestia sofisticada. Sofistica y deleitada de crueldad.

Mientras el intelectual lanza su proclama de retórica gaitanista (o peor que eso), uno como espectador no puede dejar de percibir que, aunque se intenta destruir aquellos discursos, todo el drama contiene un tono agresivo con olor a panfleto. Hay una exageración de la miseria combinada con ese realismo trastornado, lastimero. Las alusiones a la vida atroz del inmigrante, contraste de aguafuerte que sólo quiere evidenciar la falacia de los derechos humanos, la mentira de una supuesta igualdad. Aquella vieja dicotomía entre el ser ilustrado y el obrero manual…

No podría saber qué tanto hay del texto original de “Emigranci” y qué tanto pertenece a la cosecha de Garcés y Malagana Troupé. No podría saber si la intención original consiste en una clásica pieza de denuncia y compromiso, o si por el contrario, se trata de desvirtuar los discursos deleznables y falaces del izquierdista presuntuoso, retórico y pedante, flotando siempre lejos aunque ande revolcándose en la mugre. Quizá el resultado involuntario sea ese: plasmar la falacia del mamertismo, allí donde un par de animales en estado de salvajismo puro buscan qué comer o intentan devorarse mutuamente sus resquicios de humanidad.


Camilo Alzate

@camilagroso

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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