Lenguaje y antropogénesis en la poética de Óscar Pirot

En la foto: Óscar Pirot (México).

QUE un libro de poesía atesore en su interior la prolongación acuática de la propia voz de su autor resulta, a todas luces, una garantía de recomendación para los lectores de este tiempo superfluo dominado por la instantaneidad de lo virtual.

Entre la marisma de publicaciones editoriales -en Madrid tanto más visible- los autores jóvenes del panorama contemporáneo de literatura en español que se atreven a bucear a pleno pulmón en el lecho acuoso de su proceso de escritura contienen, a mi modo de ver, una llamativa originalidad que les dota de un halo singular, muy alejado del mediocre establishment poético y lo oficialmente premiable por los jurados del reino. Y más aún original, en tanto que de urdimbre lingüística y de autodisciplina epistémica tiene un libro de poesía, cuando se pertenece de facto al espectro de una juventud global que ha padecido durante su socialización histórica vital, el crudo advenimiento omniabarcante de la era digitalizada, con el encumbramiento cotidiano del short talk, el wasap y la profunda telaraña de soportes hiperpersonalizados tan vacía como etérea.

Y es que, el goce de la perplejidad sobre un libro de poesía no abunda en un modelo de mercado literario donde la escritura misma reproduce aquellos modelos de subjetividad controlados por lo homogéneo estándar del soporte internáutico. Lo trascendental, lo emotivo y lo paisajístico como supremos embutidos culturales. El retorno acelerado que las redes sociales están provocando hacia el predominio de la imagen, con los emoticonos y avatares, ha supuesto la instalación generalizada de un lenguaje comprimido hasta su empobrecimiento completo de cara a los procesos de comunicación masivos. Parece así que la producción poética de hoy, puede verse condenada a su relegamiento como un espacio marginal y sucedáneo de las literaturas consumibles, bien asumiendo el desafío de la interrogación sobre la búsqueda de su propio lugar o la mera reproducción de lo normal comercial en una especie de neoplatonismo postindustrial.

Sea como sea, ocurre que ante la aparición del libro “Luz anfibia”, del autor Óscar Pirot, publicada en las navidades de 2012 por ediciones Amargord -tras su mención especial del Premio de Poesía de la Universidad Complutense de Madrid en 2010-, encontraremos un buen objeto de análisis para la baremación de lo que sucede en Madrid a través de sus producciones literarias. La visibilidad de los libros en las estanterías de los centros de distribución no está garantizada a menos que sean realmente leídos, discutidos, metabolizados por el público lector, pudiendo correr el peligro de perderse entre las pilas masivas de stocks culturales en La Central, la FNAC y similares epicentros de la mercadotecnia libresca.

Este libro de poesía, segundo de su autor editado en España -recientemente se ha publicado la nueva edición de “Bestimenta”, libro total de Pirot- ofrece nada menos que un itinerario submarino por los vericuetos del lenguaje mismo. Y ya desde el principio en su pantalla de presentación se nos advierte que las palabras están llenas de un adentro invisible. Este avance luminoso -bien atinado en el pórtico de sus páginas iniciales- sobre la soterrada interioridad de lo sígnico y la riqueza insospechada que habita en la plasmación de todo discurso poético particular, de una weltanschaaung personal e intransferible, invita a que el buceo poético del lector en “Luz anfibia” esté insuflado por el chapoteo creativo de las imágenes, la inmersión filosófica del yo, el braceo gramatical de cada palabra en un acuario narrativo con flujos intermitentes de aire y espacios reflexivos de abismal incertidumbre, marco característico de este tiempo saturado preandroide.

Ya en algunas de sus apreciaciones teóricas sobre la posmodernidad, entendida como lógica cultural del capitalismo, el filósofo norteamericano Frederick Jameson menciona que la cultura postliteraria del mundo tardocapitalista no sólo refleja la ausencia de todo gran proyecto colectivo, sino también el desvanecimiento del viejo lenguaje nacional. En este sentido, podemos vislumbrar la existencia de espacios de confluencia dispersos donde el poeta del ahora radica su escritura. Así nuestro joven autor del D.F residente en Madrid, marcha a tientas por los vericuetos del lenguaje con una vocación de acercamiento a la médula poética del tiempo presente: él conjuga una mirada de entronque hacia la herencia prehispánica de su lugar de procedencia -sin los peligros del folclore- junto a la enhebración versificada de un yo abierto en canal, que imanta su creatividad con imágenes del mundo animal escogidas más allá de los aposentos zoológicos de la tradición occidental. Óscar Pirot, conocedor y lector asiduo de la obra de Octavio Paz, nos sorprende de nuevo con su poemario “Luz anfibia” a través de esa exploración inaudita en los territorios simbólicos de la fauna tanto terrestre como anfibia, las siluetas postantropomórficas de su imaginario poético logradas en su libro anterior “Bestimenta” (Papel de Fumar, 2011. Y “Esto no es Berlín”, 2015).

En su proceso de escritura, combinado más allá del papel con un peculiar uso alternativo de redes sociales –Facebook/Twitter– hay una introspección en su propia densidad, en la acumulación de voz transcrita, el feeling del poeta en su desdoblamiento interior. La poética anfibia de Óscar Pirot, aparece a nuestros ojos bajo las turbias aguas del ciberespacio, como una indagación en la materialidad del verbo y la potencia hidráulica que alberga el acto comunicacional. Su auscultamiento de los ritmos que constituyen la realidad alcanza a los márgenes subterráneos de la vida misma, tangible y corpórea. Entre las páginas humedeantes de su libro, encontramos también una línea dura de flotación, la delineación poética de una verdadera antropogénesis: la concreción de lo ambivalente en la identidad, el dualismo intrínseco que habita la corporalidad humana. La matriz sígnica del ser y el habitáculo del volumen que encarna el hecho poético. Así nos dice el poeta que escribir es deshabitarse, un desposeimiento de la vida. Desde la irrupción filosófica de autores tan carismáticos como Agamben o Foucault, la animalidad constituyente del ser humano, las manifestaciones transhistóricas de su biopolítica esencial, forman parte del espectro contemporáneo donde se debaten los fundamentos de lo social y la cultura en la aldea global vaticinada por McLuhan.

Así con todo, en el desenvolvimiento poético del autor hallamos un dispositivo de traslación/rotación en torno a la palabra que penetra en el humus de lo humano, las multiplicacidades fundacionales del estar en el mundo, un carrusel de las determinaciones ónticas que dan cuerpo a la esencialidad gramatical del espacio circundante. Así queda a la vista el ejercicio exploratorio de la escritura pirotiana, una programación internalizada de proyección de la subjetividad en suspense, volcada en su aguatinta artefactual: el lenguaje que forma, conforma y performa la propia armazón indagativa de su ser, allí donde el poema es un ensanchamiento de la sangre.

A fin de cuentas, Óscar Pirot, bucea lejos, bien lejos de pretender establecer por medio de su poemario un discurso de lo emotivo, tan en boga en ciertos círculos poéticos que abrigan su indigencia problemática en el entorno de lo juglaresco sentimentaloide y la experiencialidad de star system literario, aquellos que últimamente se presentan al gran público lector de las dos orillas como fórmula válida para superar lo hermético y lo caduco de cierta poesía dominante. El joven autor, se nos muestra a sí mismo a pecho descubierto, con un libro de poesía empapado por una pleamar de signos, cuya finalidad es la liberación de un encuentro, referencias básicas que nos llevan a pensar fértilmente en Jacques Derrida o Mijail Bajtin. En esta localización de la poética Mex-Mad de Óscar Pirot, disfrutarán los lectores con las referencias submarinas a su periplo vital desde las noches de Madrid hasta la reminiscencia del terremoto sufrido en su adolescencia mexicana.

Un libro de poesía, a fin de cuentas, cuyos poemas valen para lanzarse a gusto, de cabeza y desde trampolín sobre las profundidades hiperreales del anonimato.

Samir Delgado

(Islas Canarias, 1978) Poeta, activista, crítico de arte y periodista freelance. Director del Festival 3 Orillas y el Tren de los Poetas. Residente en México

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