Cuando la «Varita» habla: las «Palabras pesadas» de Bertha Ramos

Imagen: intervención a partir de la portada de Palabra Pesadas. Editorial Mackandal

En Disidencias, nuestra edición de junio, les presentamos un ensayo de Andrea Juliana Enciso Mancilla* sobre el libro Palabras pesadas de la escritora barranquillera Bertha Ramos, quien desde el cuento breve «critica los modelos afectivos colombianos caribeños contemporáneos».

 

Hace unos días estaba leyendo un artículo de Jonathan Waterlow sobre la gran obsesión del régimen estalinista, a mediados de los treinta, respecto al control social del humor.

En contraposición a lo que un lector promedio supone sobre la represión de los enemigos del régimen (políticos, figuras públicas, miembros de la familia real, prensa, etc.), el temido Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (NKVD) estaba obsesionado con la eliminación de la risa. La cruzada de la policía secreta soviética durante esa década se centró obsesivamente en rastrear los orígenes de la risa que salía de bares, fiestas, cafés, panaderías, carnicerías, etcétera, y que ponían en ridículo las virtudes del gran Camarada y la fortaleza del comunismo bolchevique. Del periodo se conservan los records del Gulag de albañiles, panaderos, jornaleros, lecheros y sastres, que aun conscientes de las sanciones, no pudieron evitar contar una y otra vez los chistes y anekdots sobre Stalin y reírse a carcajadas con las sátiras al régimen. Si algo tiene el humor, en este caso el cuento breve satírico, es esa habilidad de colarse por los rincones de lo ordinario e instaurar la crítica frente a lo innombrable, lo grotesco, lo violento de la cotidianidad y sus normas sociales en frente de la vista de todos.

El libro de Bertha Ramos, Palabras Pesadas, tiene, como las bromas del soviet, esa habilidad de colarse por las ranuras de la vida cotidiana y, sin importar cuán peligrosa o prohibida es la broma, retratar abiertamente los miedos y las verdades sobre los modelos afectivos barranquilleros que su editora Farides Lugo denomina: incómodos y patéticos.

Este libro, homólogo al blog de esta columnista de El Heraldo de Barranquilla, hace honor a su nombre como la peonza que en su densidad conduce al lector al pozo hondo de los temores más primitivos, esos que vienen con el amor y demás relaciones con los seres que duermen a nuestro lado. Su inobjetable agudeza me trae a la memoria de autores particularmente brillantes en tiempos de autoritarismo, tales como: Slawomir Mrozek, Margo Glanz, Dino Buzatti, Michael Ende, en su faceta de escritor breve, y Augusto Monterroso; quienes aun con los años siguen siendo referentes de la literatura crítica, punzante, honesta, humorística en épocas donde la agudeza y la risa son necesarias para enfrentar la seriedad y tozudez de sociedades conservadoras y autoritarias.

Sus dos partes: La mujer incómoda y Soledades hacen gala de ser una colección de viñetas sobre dos de esos temores fundacionales que definen las sociedades caribeñas de corte patriarcal: la voz de la mujer parlante que va contando sin reparo lo que todo el mundo sabe y nadie se atreve a decir en voz alta y la desmitificación de la soledad como el mayor miedo de sociedades altamente codependientes a nivel emocional como la caribeña. La seducción de sus imágenes, su potencial trasgresor, residen en el tono de la descripción de sus personajes, ya sea en la tercera persona o la plenitud de la primera no aspiran a la idealización, ni a la victimización de sus protagonistas. Odio, avaricia, celos, lujuria, opresión, violencia, están expuestos en la voz tanto de sus mujeres como de la narradora que va contando sin juicios las experiencias que cierran estas viñetas. «Mamá creyó que envejecer con Papá era una especie de obligación, como vaciar las papeleras de los baños. Claro que, cuando llegó la hora en que pudo hacer una interpretación adulta de lo que es vaciar las papeleras de los baños, Papá tuvo que irse de la casa. Quién sabe si ya Papá habrá muerto» (p. 36). El anterior fragmento de su cuento Mamá y Papá es un ejemplo de la innegable habilidad de Ramos de expresar en pocas palabras el peso de un rol, de una imposición social sin acudir al juicio de la situación por parte de la voz narradora. Esta gran habilidad de retratar en pocas líneas todo un sistema de opresión, como lo es el matrimonio desde las reglas patriarcales del Caribe colombiano, es lo que la hace una escritora tan subversiva. El peso de la viñeta arrojada explota en la cabeza del lector y como cualquiera de las verdades incómodas que no se pueden barrer debajo del mantel cuando son dichas, deja en el aire el silencio sepulcral que abre el lugar para la risa del que piensa o la carcajada nerviosa del que prefiere omitir la cara de la opresión.

En Soledades, la segunda parte del libro, Ramos con su humor cuestiona uno de los mitos fundacionales de esta tierra de matriarcas, donde los hombres a los cuarenta todavía son los nenes o papis de la casa: el amor maternal, romántico, marital como una certeza, un bien vital al que se accede casi de manera obligatoria cuando se está en compañía. Los hombres y mujeres de este apartado parecen gritar sobre la naturaleza solitaria de la búsqueda de la identidad individual. Los afectos en soledades ya sea humanos, animales u objetuales son como reza el budismo: ilusiones elaboradas con el material de las carencias más íntimas de los personajes del libro. Vuelvo a otro cierre, en esta ocasión, de su cuento Tía y Peluche para ilustrar la ruptura de la ilusión del apego afectivo: «Cierto día en que se levantó aburrida, a Tía le dio por sacarle el relleno de algodón; si bien se sorprendió de saber que Peluche no era más que un muñeco de peluche, más lo estuvo de saber que no dejaría de llorarlo por el resto de su vida» (p. 79). Los amores también son invenciones. En medio de la risa, una declaración como la anterior podría sonar a grito independista para el bebé cuarentón o la «enamorada del amor» que siguen asumiendo la condición dependiente del afecto como una fuerza externa, condicionada, que justifica la opresión y el carácter restrictivo de las relaciones de pareja o de familia en modelos conservadores. En un lugar como este, donde el amor, el matrimonio y la familia son los bienes mayores, la descripción de la posición «varita de mierda» esposa del protagonista en su cuento Intelectuales es una denuncia a los modelos de doble moral frente a las mujeres y su percepción como sujetos sin validez intelectual en el espacio social:

A veces Vari se embriaga y le da por manosear el cuerpo de la muchacha de servicio. Solo el cuerpo. Por que se queda con la cabeza de su mujer, que produce la columna de opinión que publica Vari mensualmente […] pero por mucho que ellos presuman, cuando comparten el mate con sus amigos limpian la boca de la bombilla y no le creen ni una palabra a la «varita de mierda» (63).

En un espacio como el caribeño, o mejor el latinoamericano, los cuentos satíricos de Ramos son una provocación a los modelos convencionales del afecto y la organización de la violencia legitimada por las convenciones sociales, donde las mujeres pueden ser matriarcas autoritarias, misóginas en muchos casos, pero nunca individuos libres con autoridad intelectual sobre el terreno masculino de las ideas y el espacio de la esfera pública de la opinión.

Bertha Ramos, siguiendo el fervor que hoy contagia al mundo editorial e intelectual internacional por la insurgencia de Marvel Moreno frente a la violencia de género barranquillera, es una voz para leer y disfrutar con atención tanto por su altísima calidad literaria como por su posición crítica a partir de la sátira. Es importante destacar aquí que la publicación de esta autora se hace todavía más insurgente, más valiosa como ejercicio de solidaridad y resistencia frente a la omisión, la invisibilización y el descreimiento que vivimos en carne propia las mujeres todos los días respecto a nuestra labor como intelectuales y artistas, al ser publicada por la editorial independiente Mackandal. Esta editorial, liderada por la escritora y Magister en Literatura Farides Lugo, es una iniciativa que, si bien está abierta a la edición y divulgación de obras de autores emergentes en el Caribe colombiano, es una red interdisciplinaria de mujeres que leen y están abiertas a pensar en diálogo con otras mujeres como una manera de divulgar y reflexionar la literatura como un objeto de alta calidad solo posible cuando se lee, se critica, comparte, distribuye y se comenta con otros miembros de la comunidad lectora. En ese sentido, el peso de las palabras de Bertha Ramos no es solo el de sus sílabas de plomo, sino el tejido bellamente prologado, editado, diagramado, ilustrado y corregido por una constelación de mujeres que materializaron, aun en contra de la seriedad y tozudez masculina, este libro en Barranquilla.

 


* Andrea Juliana Enciso Mancilla. Doctora en Filosofía, Ph.D en Lengua y Literatura Hispánica certificada en Estudios Culturales de la Universidad de Pittsburgh, Pensilvania, Estados Unidos. Poeta y ensayista.

Literariedad

Asumimos la literatura y el arte como caminos, lugares de encuentro y desencuentro. #ApuntesDeCaminante. ISSN: 2462-893X.

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