La penitencia. Cuento de Octavio Escobar

Octavio Escobar Giraldo. (Foto tomada de: editorialperiferica.blogspot.com).
Octavio Escobar Giraldo. (Foto tomada de: editorialperiferica.blogspot.com).

Por: Octavio Escobar*

-Acúsome, padre. Acúsome por alegrarme de la muerte de Joaquín López.

El sacerdote trató de reprimir su sorpresa:

-¿Mataron a Joaquín López?

-Sí, padre, lo acabaron de confirmar por la radio. Desde esta mañana habían dicho que los del ejército lo estaban identificando.

El sacerdote lamentó, sin expresarlo, no haber escuchado las noticias antes de salir de la casa cural.

-No es muy cristiano alegrarse por la muerte de otro ser humano, hija.

-Lo sé, padre, por eso vine a confesarme.

-¿Conociste a Joaquín López?

-No, padre. Mi padre y mi hermano sí lo conocieron.

El sacerdote recordaba lo descompuesta que estuvo la mujer en el entierro de sus familiares. Se rascó la calva y templó la voz:

-Arrepiéntete de ese sentimiento, hija, es un pecado grave. Reza cinco Ave Marías.

-¿Sólo cinco, padre?

-Si los rezas con devoción, y te arrepientes, sólo cinco. Y que tu hijo no vuelva a faltar a la catequesis del sábado.

-Sí, padre. ¿A las once?

-A las diez, hija. Diez en punto.

-Aquí estará, padre. Le voy a mandar unas mandarinas con él. Están dulcesitas. Y unas brevas caladas.

-No es necesario, hija.

-De todos modos yo se las mando. Gracias por todo, padre.

-De nada. Ve en paz.

El sacerdote bendijo a la mujer a través de la ventanilla velada y esperó unos segundos para salir del confesionario. Dejó todo listo para la misa de las doce y le ordenó al sacristán que se asegurara de que no había otros feligreses dentro de la iglesia y la cerrara. En el atrio acarició la cabeza de dos niños que jugaban balero y cruzó la calle bajo el sol crudo.

La casa cural lo recibió con ese vaho de humedad que le estaba arruinando la voz. Con el control remoto buscó el canal que transmite noticias las veinticuatro horas del día. Confirmado: Joaquín López estaba muerto. Siguió el informativo durante cinco minutos, como para convencerse de que era cierto, y apagó el televisor. Fue a la cocina y se sirvió una taza de aguapanela. Después de bogársela se dirigió a su habitación, se arrodilló al lado de la cama, la vista puesta en el crucifijo tallado en madera de cedro, y rezó quince Ave Marías con mucha devoción.


***

Cuento enviado por el autor a Literariedad.

*Octavio Escobar Giraldo. Nació en Manizales (Colombia) en 1962. Médico y Escritor. Ha publicado los libros de cuento El color del agua (1993), Las láminas más difíciles del álbum (1995, Premio Confamiliar del Atlántico de literatura juvenil), La posada del almirante Benbow (1997), De música ligera (1998 Premio Nacional Literatura) y Hotel en Shangri-Lá (2004, Premio Nacional de Literatura de la Universidad de Antioquia), uno de los mejores libros de cuento del presente siglo en Colombia, y las novelas El último diario de Tony Flowers (1995), referencia obligada de postmodernidad narrativa, Saide (1995) alabada por la prensa española  tras su publicación por parte de Editorial Periférica en 2007 y traducida a italiano y alemán, El álbum de Mónica Pont (2004, ganadora de la IX Bienal Nacional de Novela “José Eustasio Rivera”) y 1851. Folletín de cabo roto (2007, Beca de Creación Ministerio de Cultura) irónica recreación de sucesos fundamentales del siglo XIX colombiano. Cuentos suyos, aparecen en Narradores del Siglo XXI. Cuatro cuentistas colombianos (FCE, 2005) y en antologías en español y otras lenguas. Es profesor de la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de Caldas. Su libro más reciente es Después y antes de Dios (Editorial Pre-textos).

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

2 comentarios sobre “La penitencia. Cuento de Octavio Escobar

  1. Hay una vocación manifiesta e intencional en este sencillo relato de Octavio Escobar Giraldo, que no por lineal y directo deja de ser irónico y explícito. La carga que subyace en la línea narrativa parece desvelar ese secreto a voces que la cotidianidad repite en nuestra experiencia sociocultural.

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